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Un parte de tranquilidad desde la banca…

El Dane reveló recientemente que la economía colombiana se expandió a una tasa de 4,6% en 2014, un crecimiento que no solo se lee favorable frente a los resultados de la región, sino que da muestra de la solidez de la demanda interna y del buen desempeño del consumo privado. Sin embargo, este dato, que desde luego luce positivo, se conoció en paralelo con una recomposición de las perspectivas de crecimiento del mercado para 2015, todo ello en medio de la nueva realidad en materia de riesgos y de vulnerabilidad externa. Digiriendo la magnitud de estos riesgos y de su eventual materialización en la dinámica local, el mercado ha venido en efecto corrigiendo a la baja sus pronósticos de crecimiento, ahora hacia el rango de 3,4%-3,8% frente a los niveles de 3,9%-4,2% de meses atrás. El Gobierno, en la misma línea, acaba de revisar a la baja su previsión hacia niveles más cercanos al 3,5% (frente al 4% inicial).

Y es que son varios los riesgos que el mercado y los analistas han venido señalando en los últimos meses. Por un lado, a nivel externo, la nueva realidad de los precios del petróleo, de la mano con la mayor devaluación del tipo de cambio, implicará no solo una menor tracción de la actividad productiva sino un mayor nivel de riesgos en las finanzas públicas y una mayor volatilidad en los mercados financieros.  Un riesgo que bien vale la pena señalar en voz alta, ya que las perspectivas del comportamiento del precio del petróleo (que continúa bordeando niveles de US$45-US$50 barril)  son inciertas y dependerán en gran medida no solo de la normalización de la oferta, sino del crecimiento de las principales economías y de la demanda de crudo mundial. A este panorama internacional se suma el efecto que tendrá el incremento de las tasas de interés de Estados Unidos a partir del segundo semestre del año, con los eventuales efectos en las tasas locales y en la dinámica de los mercados de deuda pública.

Pero es claro que los riesgos no provienen únicamente del entorno internacional. A nivel local surgen otras preocupaciones que pueden afectar el comportamiento de la economía.  Más allá de los efectos colaterales de la descolgada de los precios del crudo, la incertidumbre en materia tributaria podría minar aún más la confianza local.  Y en esto vale la pena ser reiterativos, ya que la reforma tributaria aprobada en 2014, sumada a la que ha entrado ahora en discusión, podría terminar afectando de forma significativa las decisiones de inversión dada la inestabilidad tributaria si no se incorporan lineamientos de eficiencia y progresividad. En las condiciones actuales parece ya haberse agotado por completo la capacidad de tributación de las firmas y es difícil pretender, bajo la actual carga e incertidumbre tributaria, que se dé el necesario relevo de la inversión pública por la privada. Y este, que no es un riesgo menor, permite continuar señalando la importancia de que el Gobierno encamine correctamente sus respuestas de política desde lo fiscal, no solo para reorientar el crecimiento hacia sus potenciales, sino para mitigar la incertidumbre en materia de inversión y empleo.

El sistema financiero, principal jalonador del crecimiento económico, no está exento de los mecanismos y vías de contagio. Sin embargo, es importante señalar que aún pese a la volatilidad y a la incertidumbre en los mercados financieros que este nuevo escenario supondrá, las perspectivas para la banca en Colombia lucen positivas y de allí que el país pueda continuar esperando, de la mano de una adecuada gestión de riesgos, una saludable irrigación de crédito hacia la economía. La sólida estructura patrimonial, la generación de utilidades y los adecuados indicadores de liquidez harán que la banca pueda resistir los choques que puedan venir tanto del entorno internacional como del local. De hecho, los resultados más recientes del Indicador de Alerta Bancaria (IAB), construido por Asobancaria, y que permite identificar los eventuales desequilibrios del sistema, continua en niveles positivos y, ni aún en los escenarios de pronóstico más ácidos y adversos, muestra incrementos significativos que permitan emitir una señal de preocupación para el sistema financiero a lo largo de 2015.

El país podrá apreciar la fortaleza que el sistema financiero ha venido alcanzado en las últimas décadas y que le ha permitido ganar la solidez necesaria para hacerle frente a esta nueva realidad. La recomposición sectorial tendrá que darse con celeridad y será el sistema financiero el gran apalancador de esta nueva dinámica. Pese a que el monitoreo de los riesgos deberá ser, desde luego, una tarea constante, la dinámica de la banca y del sistema financiero incorpora sin duda un parte de tranquilidad para el sistema y para el desempeño de la actividad productiva.