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Un largo camino por recorrer…

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Tras varias semanas en las que los maestros del país decretaron un paro indefinido, el cese de sus actividades llegó a su fin después de las difíciles negociaciones en torno a la evaluación de desempeño docente, a las nivelaciones salariales y a los servicios de salud a los que tienen acceso. 

Estas peticiones realizadas por el Magisterio, así como el debate que ello suscito en el país, han sido un nuevo llamado a la reflexión sobre el estado de la educación en Colombia y el rumbo que se debe trazar desde ya para subsanar y superar nuestros rezagos en materia educativa, más cuando hemos venido tocando las puertas de la Ocde y pretendemos alcanzar los estándares de calidad del primer mundo. Y es que más allá de la estabilidad macroeconómica y financiera y de las ganancias en competitividad a través de la superación de las brechas en materia de infraestructura y de desarrollo tecnológico, es la educación integral el verdadero motor del desarrollo y del crecimiento de largo plazo. Es la educación el verdadero vehículo social que logra reducir las brechas en materia de ingresos y la vía más efectiva para superar las trampas de la pobreza y la desigualdad. De allí que el diseño de una política educativa integral debe priorizarse dentro de los temas de la agenda pública.

Los recientes resultados de las pruebas Pisa fueron un termómetro acertado del estado actual de la educación en el país. Colombia ocupó los últimos lugares en varios de los componentes evaluados, e incluso fue el país más rezagado en materia de educación financiera. Como un termómetro adicional, hace muy pocos días el Foro Económico Mundial dio a conocer los resultados de su más reciente reporte de Capital Humano, el cual, lamentablemente, parece haber pasado inadvertido, una muestra más de la falta de prioridad con la cual se eleva en el debate público la calidad y el estado de la educación. El índice de Capital Humano ha venido siendo una medición robusta y se ha venido calculando para una muestra de 124 países, centrándose tanto en aspectos educativos y de empleo a través de 46 indicadores y complementados por encuestas de orden cualitativo. Tiene la capacidad de evaluar, además, el éxito con que los países desarrollan habilidades a través del aprendizaje y de la capacidad para extender su conocimiento por medio de un empleo productivo. 

El reporte de 2015, lejos de mostrar un desempeño alentador en materia de capital humano, sitúa a Colombia en el puesto 62 entre 124 países, por debajo de los puntajes alcanzados por países como Hungría, Rumania, Mongolia o Vietnam. A nivel de América Latina y el Caribe, el país ocupó la octava posición entre 21 países, con puntajes inferiores a los de Panamá, Costa Rica y Perú. Si bien cuando se ajustan los resultados por nivel de ingresos, Colombia ha venido convergiendo a la media, aún muestra rezagos importantes en materia de calidad educativa, con puntajes muy similares a los de países como Azerbaijan, Tailandia y Macedonia.

Las mayores fortalezas que se identificaron a la luz de estos resultados parecen ser las ya conocidas estrategias para garantizar una mayor cobertura y permanencia en la educación primaria, con algunos resultados levemente favorables en educación secundaria y superior. Sin embargo, en el campo de la calidad educativa el país ostenta un penoso resultado al ubicarse en el puesto 86. Estos resultados son una prueba más que el país, incluso al nivel de sus pares (medido a través del ingreso per cápita), tiene un amplio camino por recorrer a nivel educativo y de formación desde la temprana edad. 

Incluso, si como país queremos que se fomente una verdadera cultura del ahorro, debemos avanzar de manera acuciosa y permanente en materia de educación financiera, un componente en el cual ocupamos penosas posiciones. La Banca, en este frente, no sólo ha mostrado su compromiso, sino que considera imperativo que se le dé celeridad a la transformación del esquema educativo colombiano si queremos superar las talanqueras que han impedido generar avances significativos. Un sistema donde la creatividad, la motivación y el impulso de nueva ideas vaya de la mano con maestros más educados y motivados (mejor remunerados). Un sistema donde la enseñanza deje de ser vista como una profesión secundaria, sino como uno de los pilares y bases para el crecimiento sostenido.
 

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