Analistas

Un déjà vu

Se acaban de confirmar las sospechas que se venían señalando sobre el desempeño de la actividad económica durante el primer trimestre. El dato de crecimiento, que bordeó el 1,1%, se constituye como la cifra más baja de los últimos ocho años y aleja la posibilidad de que en 2017 se materialice la anhelada recuperación, como buena parte del mercado lo anticipaba meses atrás. Este modesto desempeño, que parece un déjà vu, deja en evidencia, además, que el periodo de ajuste será más largo de lo previsto y que la dinámica de 2017 quizás no diferirá mucho de la observada en 2016.

Al desagregar la información del crecimiento, preocupa que cinco de las nueve grandes actividades de la economía hayan registrado contracciones importantes en materia de valor agregado. Además de la notable debilidad de varios sectores, llama la atención en particular la contracción del comercio, un hecho que permite inferir la debilidad del consumo de los hogares y que inquieta en una economía que poco explota su capacidad exportadora.

Aunque todavía no se han dado a conocer los datos relacionados con la demanda agregada del primer trimestre, con base en la dinámica de las ventas minoristas y otros indicadores líderes, el consumo privado ha venido perdiendo tracción. Se ha observado, en este frente, cómo la demanda por bienes durables continúa resentida, con particular preocupación en sectores como vehículos y electrodomésticos. Esta moderación, que ha venido aparejada de una desaceleración en las ventas de vivienda nueva, que alcanzaron incluso terreno negativo en abril, deja sin duda un sinsabor en la esperada senda de recuperación de la demanda interna. 

El resultado del primer trimestre fue precario, y lo peor es que no resulta del todo claro que la economía vaya a presentar un punto de inflexión en este segundo trimestre. En efecto, estamos empezando a acumular indicadores líderes que señalan que el segundo trimestre podría no ser mejor. Los resultados del Índice de Confianza al Consumidor (ICC), de la confianza empresarial e incluso de las ventas de vehículos nuevos, alimentan hoy perspectivas bajistas de cara al segundo semestre del año.

Si bien el ICC, indicador que suele anticipar de manera acercada los “puntos de giro” en el consumo privado, registró en abril una ligera mejora en términos absolutos, el balance en la confianza continúa siendo inquietante, acumulando, de manera nunca antes vista, año y medio de registros negativos. La incertidumbre sobre la continuidad del bajo dinamismo del consumo de los hogares se refuerza si se tiene en cuenta que la comercialización de vehículos tampoco repuntó en abril. Este cúmulo de factores aleja por supuesto la posibilidad de disipar los niveles de riesgo que han sido percibidos por parte del sector financiero desde meses atrás.

Y si la confianza nacional continúa diezmada, acumulando desafortunados récords históricos, ¿cómo podremos vislumbrar la materialización de una recuperación contundente de la economía en el corto plazo? En esta situación, no queda otra opción que activar todas las herramientas efectivas de la política económica para generar victorias tempranas sin comprometer nuestra sostenibilidad. Si bien la política monetaria ha venido ajustándose al nuevo contexto económico y seguramente se requerirá de una mayor profundización en el ciclo de recortes en la tasa de interés de referencia, urge la necesidad de contar con un conjunto integral de acciones de política pública que complementen este accionar y permitan recuperar la confianza y el otrora dinamismo de la actividad productiva.