Transformaciones de fondo

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En los últimos meses ha cobrado protagonismo el desempeño de las cuentas externas del país, pues las cifras revelan una situación preocupante en cuanto al déficit en cuenta corriente que a primer trimestre del año se situó en 4,6% del PIB, 1,2 puntos porcentuales por encima del registro un año atrás. Para contrarrestar el creciente endeudamiento externo, el desempeño de la inversión extranjera directa y las exportaciones no han sido suficientes, por lo que se requiere un plan de contingencia a largo plazo que permita explotar el potencial de muchos sectores como generadores de divisas.

Las últimas cifras reveladas por el Dane sostienen que a mayo las exportaciones crecieron a un ritmo cercano a 1,2%, muy por debajo del valor de las importaciones (6,1%). Esto se traduce en una balanza comercial con un déficit que se expande a tasas cercanas a 36%. Si bien se reconoce el esfuerzo que se ha realizado para posicionar las exportaciones no tradicionales en línea con los cambios de demanda en el exterior, aún se requieren transformaciones de fondo que permitan la verdadera diversificación exportadora y el posicionamiento de sectores realmente competitivos que puedan explotar a fondo las potencialidades existentes.

Uno de estos sectores es el agrícola, que históricamente ha participado con cerca del 6% en la generación de valor agregado, cifra que podría elevarse si se responde a las necesidades de un sector que aún no recibe en toda su dimensión las bondades de la tecnología, la innovación y la infraestructura. Los efectos de un agro rezagado se reflejan en el pobre dinamismo de sus exportaciones, las cuales en los últimos meses han crecido a tasas cercanas a cero, tocando incluso terreno negativo.

Noticias alentadoras como la entrada de productos, como el aguacate Hass, a mercados con demandas potenciales como Japón y China, revelan que se han implementado mejoras. Sin embargo, aún hace falta una verdadera diversificación que le permita no solo a un producto agrícola expandirse en medio de mercados altamente demandantes, sino a toda una canasta de bienes, producto de un verdadero posicionamiento agroindustrial.

Desde el Gobierno han nacido iniciativas para promover el desarrollo de un sector agropecuario productivo, sostenible y generador de empleo. En 2016 se crearon las Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Económico (Zidres), una iniciativa para fomentar proyectos productivos que beneficien a los campesinos sin tierra, que promuevan la inversión de capital en el agro y la activación de la productividad de miles de hectáreas en todo el país. No obstante, la complejidad de la iniciativa y sus problemas jurídicos solo han permitido la creación de un proyecto a la fecha, lo cual ratifica una vez más que el sector agroindustrial requiere de reformas estructurales de fondo que reduzcan los rezagos en los distintos frentes, los cuales no han permitido un completo despegue del sector.

En síntesis, la economía colombiana requiere de la fortaleza de un sector exportador diversificado, que responda ante los cambios de demanda en el entorno internacional y tenga en cuenta sectores no tradicionales para la generación de divisas. El sector agropecuario posee un potencial que a la fecha no se ha explotado. Tenemos hoy un agro rezagado que requiere necesariamente de un análisis profundo que permita hacer uso de los avances tecnológicos para lograr aumentos en productividad, competitividad e innovación en un sector que tradicionalmente ha sido parte de la generación de valor.

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