Analistas

Reactivando la vivienda

Durante el último lustro, el sector de vivienda se ha consolidado como uno de los motores de crecimiento económico. Además de ser una actividad con alta generación de valor agregado y empleo, el dinamismo de los últimos años no solo ha generado efectos virtuosos sobre la calidad de vida de los colombianos, sino que ha permitido también, de forma progresiva, avanzar en el cierre de nuestro déficit habitacional. 

Los múltiples programas gubernamentales de vivienda que se han venido llevando a cabo en los últimos años han contribuido sin duda a su dinamismo y le han permitido al sector, al menos parcialmente, hacerle frente a la difícil coyuntura económica que empezó a materializarse a partir de 2015. Tan es así que mientras la economía creció un modesto 2% durante 2016, el año anterior fue un año récord en materia de ventas de vivienda nueva, con cerca de 147.000 unidades vendidas. Este buen desempeño en ventas, como resulta apenas natural, estuvo acompañado por un dinamismo importante en la financiación de vivienda. De esta manera, durante el año anterior se desembolsaron cerca de 148.000 créditos y la cartera hipotecaria creció 7,9% en términos reales.

Sin embargo, desde finales de 2016 los principales indicadores del sector han exhibido una moderación en sus ritmos de expansión. Las mayores restricciones económicas que enfrentan hoy los hogares, producto del fuerte y prolongado proceso de ajuste por el que  atraviesa la economía, le han restado dinamismo al consumo privado, con efectos transversales en la demanda de vivienda. Y es que las nuevas proyecciones acerca del desempeño económico futuro del país reflejan niveles de confianza que alientan perspectivas menos optimistas. El Índice de Confianza del Consumidor, así como el balance sobre la Disposición de comprar vivienda, han caído a mínimos históricos.

Las ventas de vivienda nueva, que se han desacelerado de manera continua desde febrero de este año, han mostrado una pérdida de tracción particularmente acentuada en el segmento que no cobija la vivienda de interés social (No VIS). Los desembolsos de créditos hipotecarios, por su parte, también se han venido desacelerando, incluso con mayor celeridad que las ventas. Del mismo modo, la cartera hipotecaria y de leasing habitacional han reducido sus ritmos de expansión y registrado leves deterioros en sus niveles de morosidad.  

Con el fin de revertir la tendencia decreciente que han exhibido los principales indicadores del sector de vivienda en lo corrido del año, el Gobierno anunció semanas atrás que extenderá el beneficio del subsidio a la tasa de interés para las viviendas No VIS hasta el 2019. Decidió ampliar, además, el valor de las viviendas objeto del beneficio de 335 a 435 salarios mínimos. A esto se suma el anuncio de varias entidades bancarias de generar recortes en sus tasas de interés para la financiación de vivienda, un hecho que sin duda contribuirá a dinamizar en buena medida la originación.

Estas medidas deberían contribuir de manera positiva en la reactivación del sector de vivienda, en especial en el segmento por encima del tope de interés social. En cualquier caso, la notoria moderación del sector seguramente le restará impulso al desempeño del PIB total en 2017 y de allí que, para potenciar el crecimiento de esta actividad, resulte imperativo darle la celeridad adecuada a la reglamentación e implementación de las medidas si queremos que la economía comience a capitalizar, cuanto antes, los réditos de estas propuestas.