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Optimismo moderado

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Santiago Castro - scastro@asobancaria.com

En materia económica, el inicio del año ha estado marcado por un creciente optimismo que ha llevado a que el Gobierno y organismos multilaterales como el FMI hayan revisado al alza sus pronósticos de crecimiento para 2019, hoy cercanos a 3,5%. En efecto, si bien gran parte del mercado vislumbra hoy una mejor dinámica de la actividad productiva gracias al buen desempeño del consumo privado y la reactivación de los canales de inversión, también es cierto que el buen comportamiento de la inflación, sumado a la notable recuperación de los principales indicadores líderes, ha generado un cambio positivo sobre las expectativas.

En particular, debe destacarse que en enero el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), aun cuando continuó en terreno negativo (-2,8%), confirmó su tendencia al alza luego de haberse incrementado en 2,6 puntos porcentuales (pp) respecto al mismo mes del año anterior y 5,5pp frente a diciembre de 2018. En sentido similar, el Índice de Confianza Industrial (ICI) presentó en enero un crecimiento de 6,3%, cifra superior en 7,4pp a la observada en diciembre de 2018 y en 6,3pp a la registrada en enero de 2018.

En esta línea, los mayores ritmos de expansión de las importaciones de bienes de consumo y capital, que en diciembre de 2018 alcanzaron 16,1% y 25,2%, respectivamente, así como la mayor tracción de las ventas minoristas en el mismo periodo (7,8%), permiten prever una mayor dinámica de la actividad económica en los próximos meses.

Estas señales positivas que dan cuenta del fortalecimiento de la economía deben, sin embargo, ser matizadas en la medida que no todos los indicadores de alerta temprana han mostrado una evolución satisfactoria. Al respecto, al analizar con mayor detenimiento el ICC, se observa que uno de sus componentes, el Índice de Condiciones Económicas (ICE), registró en enero un deterioro de 2,3 pp respecto a diciembre de 2018, de lo cual se infiere que la valoración de los consumidores sobre la situación económica actual ha empeorado.

Adicionalmente, el Índice de Gestores de Compras, referente global del desempeño de la industria, mostró que, a diferencia de lo observado en buena parte de 2018, en los meses de enero y febrero de 2019 el sector manufacturero local se habría contraído levemente, toda vez que la medición se situó por debajo del nivel neutral (50). En sentido similar, otro importante indicador, como lo es el de venta de vivienda nueva, se contrajo 10% en enero frente al mismo mes del 2018, poniendo de manifiesto que el subsector de edificaciones aún se encuentra en medio de un proceso de ajuste. Finalmente, no debe olvidarse el mal dato de desempleo de enero de 2019, que llegó a 12,8%, superior en 100 pps al dato de un año atrás.

Si bien a lo largo del año se espera que los indicadores que todavía no muestran un claro repunte lo hagan conforme se consolide un clima más propicio para la inversión, las mejores perspectivas no deben dar cabida a un optimismo superlativo. Esto pues el nivel de crecimiento que exhibiría el país en 2019 seguirá por debajo del que permitiría reducir las brechas socioeconómicas con la celeridad adecuada.

En este sentido, es imperativo que el gobierno tramite, de la mano del Congreso, las reformas de carácter estructural en materia pensional, educativa y de gasto público, así como aquellas concomi- tantes con nuestra competitividad-productividad. Aplazarlas no solo enviaría un mensaje equivocado a los inversionistas y agencias calificadoras de riesgo, sino que impediría elevar la tasa de crecimiento potencial a aquellos niveles anhelados de 4,5%-5,0%.

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