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Analistas 04/08/2021

Oportunidad en la devaluación

Santiago Castro Gómez
Expresidente de Asobancaria

Desde que en 1999 el Banco de la República eliminó la banda cambiaria, pasando a un sistema de libre flotación del peso, una de las constantes de la economía colombiana es la manera como rápidamente reacciona nuestra tasa de cambio frente a los choques internos o externos. Esto ha tenido sus detractores y defensores, siendo yo uno de los segundos, al reconocer que ha actuado como un mecanismo de defensa ágil, que no está exento de costos, claro está.

El hecho es que la libre flotación está aquí para quedarse, incluso cuando nos hemos acercado a los $4.000 por dólar, convirtiéndonos en la tercera moneda más devaluada con un 15,2% en lo corrido del año según Corficolombiana, solo superada por la lira turca y el peso argentino. Y se espera que el dólar siga caro en lo corrido del año si nos atenemos a la última encuesta de analistas hecha por el Banco de la República que arroja un resultado de tasa promedio a finales de 2021 de $3.655 por dólar.

¿Las razones? Muchas, entre ellas perder el grado de inversión en dos de las tres firmas calificadoras de riesgo más importantes debido al retiro de la última reforma tributaria, el elevado déficit tanto por el lado fiscal como en cuenta corriente, el nivel de deuda sobre Producto Interno Bruto, el crecimiento de la deuda externa, y la incertidumbre generada por el paro violento y vandálico.

Ahora bien, podríamos quedarnos dándole vueltas a nuestra situación cambiaria, que estoy seguro no se va a revertir por lo menos hasta 2023 y eso. O podemos hacer algo al respecto y aprovechar una segunda oportunidad de impulsar nuestra producción y aparato exportador, con unos términos de intercambio que claramente nos dejan más competitivos en costos frente a nuestros principales socios.

Tuvimos una primera oportunidad cuando los choques externos de los commodities devaluaron nuestra moneda de menos de $1.900 por dólar en julio de 2014 a estar por encima de $3.400 en febrero de 2016. Sin embargo, esa trepada no se vio reflejada en el crecimiento de nuestras exportaciones no tradicionales, y las razones que se aducían en ese momento era que se necesitaba tiempo para reconstruir las redes y los contactos de comercialización que se habían esfumado en los tiempos de revaluación.

Pues bien, con nuestra reciente devaluación, podemos intentarlo de nuevo. Las economías de Estados Unidos, Canadá y Europa, con quienes tenemos tratados comerciales ya firmados, están en plena recuperación y representan un mercado listo para ser ampliado con un empuje adicional. Los mercados asiáticos, con China a la cabeza, pero también con Japón, Corea del Sur, y Singapur, los últimos tres con tratados en firme o a punto de entrar en vigencia, deben ser también blanco de una gran ofensiva comercial. Y por el lado de nuestros vecinos, con Ecuador, liderado por un gobierno amigo e intereses alineados, existe el potencial real de llevar nuestro ya significativo intercambio comercial incluso a los primeros niveles.

Todo esto no es para afirmar que es deseable ser un país con moneda devaluada. Por el contrario, esta situación refleja es nuestra debilidad del momento. También se convierte en una pérdida de valor colectivo de todos nuestros activos ante el mundo. Pero hay que ser realistas en saber que la corrección no vendrá pronto y por lo tanto es estratégico que aprovechemos sus beneficios en términos de competitividad comercial. Lo cual no podría llegar en mejor momento toda vez que el desbalance entre importaciones y exportaciones lleva un acumulado de 12 meses de casi US$$11.500 millones, y se convierte en otro signo de debilidad. Unas por otras.