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Nuestra banca, de las menos vulnerables en la región…

Durante la crisis de 2008, algunos países europeos experimentaron profundos deterioros en sus economías por cuenta de una alta exposición de su sistema financiero. Estos países, siete años después, siguen sufriendo las consecuencias de la crisis subprime y han requerido profundas transformaciones con altos costos políticos y sociales. Mientras tanto, países como Colombia, que contaron con una mayor solidez macroeconómica y financiera, rápidamente retornaron a sus sendas de crecimiento de largo plazo, lo que refleja la importancia de la solidez del sector financiero para sobrellevar choques externos.

Sin embargo, frente a la actual moderación en materia de crecimiento, el análisis general del comportamiento del sector bancario para América Latina encuentra un sistema con niveles relativamente bajos de riesgo. En efecto, una amplia batería de indicadores, entre los que se encuentran los niveles de solvencia, rentabilidad, calidad de la cartera, provisiones, entre otros, sugiere que la región experimenta una mayor fortaleza y resiliencia ante choques externos, lo que luce desde luego positivo en medio de las condiciones actuales de elevada incertidumbre y volatilidad externa. 

Lo anterior se encuentra acorde con las observaciones más recientes del Fondo Monetario Internacional sobre el desempeño de la economía latinoamericana, en la que resalta la fortaleza que ha adquirido la región ante los choques externos gracias, entre otros factores, a las buenas prácticas del sector financiero.

No obstante, el análisis comparativo a nivel regional muestra algunas diferencias importantes. México, por ejemplo, posee el mayor deterioro de la cartera morosa y unos niveles de cubrimiento inferiores al promedio regional, en contraste con el sistema financiero argentino, que posee una de las carteras con mayor calidad y con un alto aprovisionamiento. Sin embargo, el riesgo para el país austral no proviene de su dinámica local, sino de la exposición a las fluctuaciones de sus pasivos netos denominados en dólares.

En el caso particular del sistema bancario colombiano se encuentra que, en la mayoría de los casos, sus indicadores se encuentran cerca del promedio regional. El balance que arrojan los indicadores de desempeño, calidad y gestión del riesgo luce positivo y sin mayores rezagos frente al promedio latinoamericano. 

En materia de la vulnerabilidad del sistema ante variaciones en la tasa de cambio se observa que la exposición neta en moneda extranjera (que tiene en cuenta activos y pasivos) es una de las más bajas de la región, bordeando cerca de 1%, frente a 7,8% promedio de América Latina.

En materia de solvencia y provisiones, la banca en Colombia también se destaca a nivel regional. En efecto, el nivel de solvencia en Colombia, que se ubica en niveles de 15%, no solo sobrecumple los requisitos regulatorios locales (9%), sino que se muestra en línea con el promedio de América Latina, superando incluso a países como Chile,  que registra unos niveles de solvencia de 13,4%. En materia de rentabilidad, pese a no registrar los niveles más altos de la región, la Banca en Colombia exhibe niveles similares al promedio regional. 

No obstante, en materia de calidad de cartera, Colombia presenta un ligero rezago (3,2% frente a un promedio regional cercano a 2,1%). Vale la pena anotar que, pese a lo anterior, Colombia posee uno de los cubrimientos de la cartera vencida más altos de la región, un resultado que no solo refleja una adecuada gestión de riesgos, sino que genera un parte de tranquilidad para la estabilidad del sistema.

En síntesis, el sistema financiero colombiano goza de buena salud y estabilidad, capacidades con las que debería poder sortear sin mayores inconvenientes las condiciones adversas de la economía internacional, de la dinámica local y de la actual reversión de nuestros términos de intercambio. Sin duda, estos hechos continúan soportando, de la mano de una adecuada gestión de riesgos, la confianza sobre la banca local en materia de irrigación de crédito, de apalancamiento de inversiones productivas y de contribución al valor agregado.entes