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Mejores perspectivas, aunque con riesgos

Si bien 2016 fue, sin duda, uno de los años más complejos para la economía colombiana, el mercado ha empezado a incorporar unas mejores perspectivas de cara al 2017 aun en medio de riesgos externos y locales. Hay, sin embargo, un ambiente de incertidumbre en torno al grado de recuperación y a la celeridad con que el aparato productivo, luego de tres años consecutivos de desaceleración, comenzará a converger a sus crecimientos de largo plazo.

En efecto, aunque el grado de agitación que caracterizó 2016 parece, en principio, haberse suavizado, no deben perderse de vista algunos elementos de naturaleza tanto interna como externa que demandarán de la más asertiva coordinación entre las autoridades económicas con el fin de dinamizar el proceso de recuperación. Para dicho propósito, y aun pese a que la economía ha mostrado fortaleza para soportar los duros choques a los que se ha visto expuesta en los años previos, se requiere potenciar aún más la resiliencia y fortaleza macroeconómica, de manera que podamos garantizar una rápida convergencia hacia nuestros potenciales. 

En particular, una de las fortalezas que debe subrayarse es el avance que ha venido exhibiendo el país para que su mercado laboral no se deteriore considerablemente ante moderaciones de la actividad productiva. Sin embargo, resulta imprescindible que la economía siga avanzando en materia de generación de empleo formal y de calidad.

A nivel local, varios son los elementos que incidirán sobre la senda de crecimiento para el presente año. Por un lado, (i) la velocidad a la cual siga cediendo la inflación y su incidencia en una política monetaria menos restrictiva que incentive la actividad productiva, (ii) la normalización de las condiciones climatológicas y (iii) el nivel de avance de los grandes proyectos de infraestructura, serán los factores que actuarán a favor de una mayor dinámica económica. Sin embargo, (i) el menor aporte de la actividad de la Refinería de Cartagena al PIB industrial, (ii) los problemas que siguen afectando la competitividad del país y (iii) los efectos a corto plazo de la Reforma Tributaria sobre el crecimiento, podrían hacer contrapeso al proceso de recuperación. Hay que resaltar, en este último frente, que si bien la Reforma Tributaria le evitó al país asumir una serie de costos que seguramente superarían con creces aquellos que se derivan de la Reforma, lo cierto es que en el corto plazo existirán algunos costos sobre la dinámica productiva del país.

En el ámbito internacional, el comportamiento de los principales mercados a nivel global también incidirá en el desempeño económico. Por una parte, estará presente la incertidumbre sobre la materialización efectiva de políticas proteccionistas frente al comercio internacional, las cuales podrían tener un impacto importante sobre el crecimiento mundial, así como las menores perspectivas de crecimiento en Europa y China. En contraste, factores como una recuperación moderada del precio internacional del petróleo y unas perspectivas económicas más alentadoras en Estados Unidos y América Latina, nuestros principales socios comerciales, podrían actuar a favor del desempeño económico local. 

En medio de este balance de riesgos, las perspectivas por el lado de la demanda señalan una recuperación moderada de la demanda interna aun en medio de una notable recuperación de la inversión. De allí que las perspectivas del mercado, sin bien positivas frente a los registros de 2016, señalen un crecimiento más cercano al 2,3% en 2017.

Dado el panorama que se vislumbra para este año, en el que la economía mostrará un mayor crecimiento, pero aún muy por debajo de su potencial y de sus niveles de crecimiento de largo plazo, el llamado no puede ser otro que el de unir esfuerzos para acelerar el proceso de recuperación, una labor que no solo requiere seguir fortaleciendo el aparato productivo sino que pasa necesariamente por un manejo asertivo de la política económica.