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Más educación financiera

En los últimos años, la educación financiera (EF), entendida como el conocimiento y la comprensión de productos, conceptos y riesgos que favorezcan la toma de decisiones y el manejo de los recursos financieros, se ha ido posicionando como uno de los temas de mayor relevancia dentro de la agenda de las entidades estatales y del sector financiero. Mundialmente, han sido reconocidos los enormes beneficios de la EF en materia de bienestar individual y estabilidad macroeconómica.

Su relevancia, ampliamente estudiada por organizaciones como la Ocde, ha llevado a que los países incorporen dentro de sus programas escolares o universitarios diferentes metodologías pedagógicas que propenden por fortalecer los conocimientos financieros. En este campo se destacan países como Australia y Nueva Zelanda, los cuales generalmente lideran los escalafones internacionales de desarrollo humano.

Colombia en 2017 se convirtió en uno de los 59 países del mundo que consolidó una estrategia nacional en educación económica y financiera. Al respecto, debe señalarse que este es ciertamente un indicador de la voluntad nacional para subsanar las falencias existentes en este campo, puesto que su diseño se hizo de manera conjunta entre las entidades que estatales que tienen relación con la materia y las organizaciones privadas que conocen de primera mano las necesidades de los consumidores.

La construcción de la estrategia, así como la puesta en marcha de iniciativas y acciones privadas por parte de la banca, representan claros avances que deben ser celebrados y respaldados. No obstante, la cantidad y complejidad de los retos que tiene el país en este frente no deben dar lugar al relajamiento o la complacencia. Por el contrario, nos obliga a redoblar esfuerzos en pro de este objetivo común. En particular, la última posición que ocupó Colombia en el apartado de matemáticas financiera de las pruebas PISA 2012 refleja el rezago que mantiene el país en este frente. Estas falencias en conocimientos financieros también parecen extenderse a la población adulta. La Encuesta de Capacidades financieras de 2013, efectuada por el Banco de la República y el Banco Mundial, evidenció que solo 37% de los adultos colombianos suele hacer una planeación financiera y que aproximadamente 39% de la población manifiesta no estar ahorrando.

Los retos expuestos representan, sin embargo, enormes oportunidades de mejora en diversos ámbitos. Resulta importante señalar que las sinergias generadas entre el sector público y el privado no solo deben mantenerse, sino fortalecerse por medio de la canalización de mayores recursos y el involucramiento de más actores que directa o indirectamente se verían favorecidos por la masificación de la educación financiera. Este llamado incluye la concientización sobre la importancia de incrementar la cobertura y mejorar la calidad de la enseñanza a nivel municipal, pues los rezagos más pronunciados se aprecian precisamente en las zonas más alejadas de los centros urbanos del país. Todo esto se convierte en una aspiración imposible sin el decidido liderazgo y acompañamiento presupuestal del Ministerio de Educación Nacional. Infortunadamente, hasta que esto no suceda, como no ha sucedido, continuaremos registrando avances muy marginales en esta materia.

Por otro lado, si Colombia se aplica a fondo en estos cometidos, no solo irá registrando mejoras en lo referente al manejo responsable de los recursos, sino que también dará pasos firmes hacia la reducción de las brechas sociales y el incremento de la calidad de vida de los colombianos.