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La identidad digital: oportunidad y realidad

La manera como interactuamos con el mundo ha cambiado para siempre. La revolución digital, más allá de transformar la manera como desempeñamos nuestras actividades productivas y de comunicación, está llegando incluso a definir nuestra identidad como individuos. Hasta hace poco, para poder identificar a alguien, se requería revisar documentos físicos emitidos y/o certificados por entidades públicas. Hoy en día, la amplia huella digital que dejamos al interactuar en las distintas plataformas está configurando lo que se denomina la identidad digital, un hecho que ha pasado de ser una tendencia a convertirse en una realidad que debemos afrontar y de la cual podemos sacar provecho.
Independientemente de que se desee o no revelar ciertas actuaciones, el rastro de los que hacemos dentro de las plataformas digitales es imborrable y ha venido configurando tres tipos de identidad digital: i) la identidad declarada, que hace relación a la información que revela expresamente cada persona, ii) la identidad actuante, relacionada con la información resultante de nuestras acciones y comportamientos en las plataformas, y iii) la identidad inferida, que resulta del análisis de las acciones que realizamos. Así, desde el tipo de búsquedas que hacemos en los portales, pasando por lo que expresamos y seguimos en las redes, hasta los tiempos promedios que duramos haciendo una transacción móvil, están empezando a configurar definiciones precisas de lo que nos caracteriza.
Si bien esta nueva manera de identificar a las personas puede resultar hasta cierto punto controversial, especialmente para quienes consideran osado y ofensivo que un algoritmo nos defina, abre, en todo caso, puertas a grandes oportunidades. En efecto, actualmente en el mundo una de cada cinco personas no cuenta con la documentación oficial para poder probar su identidad y su capacidad de pago, lo que los ha excluido del acceso a los servicios financieros.
De esta manera, con el análisis del accionar digital se puede establecer más precisamente el perfil del cliente y evaluar mejor su nivel de riesgo crediticio, con miras al otorgamiento de un producto financiero y ofrecer una mejor oferta de valor. Esto ofrece grandes posibilidades para el mundo empresarial y el sector financiero.
La digitalización reduce los costos tanto de autenticación como de desplazamientos. Por tanto, la identidad digital se convierte en un elemento clave en la lucha contra la pobreza y la inclusión social al impulsar la inclusión financiera, especialmente en sectores como el rural, donde la mayoría de la población carece de una experiencia crediticia formal y de garantías tradicionales.
Para que Colombia saque el mayor provecho posible de las oportunidades que genera la identidad digital, se requiere que la implementación de estas tecnologías y técnicas de análisis de datos en el mundo empresarial y financiero sean exitosas. Resulta fundamental entonces que dichos modelos de negocios sean sostenibles y que su desarrollo se adapte a las necesidades particulares de los consumidores colombianos.
Así mismo, se necesita, desde la regulación, la legitimidad de crear productos financieros de forma no presencial, así como una política de gobierno que contribuya a superar las barreras existentes y promueva la implementación de tecnologías que permitan desarrollar sistemas identificación digital seguros y eficientes. Avanzar en este propósito permitirá, desde luego, mantener un balance entre los nuevos requerimientos del mercado, la estabilidad del sistema y la protección a los consumidores.