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La Comisión Tributaria va por buen camino

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En Colombia, tan solo durante las últimas dos décadas se han realizado diez reformas tributarias, de las cuales tres se han aprobado en el último lustro. Este volumen tan excesivo y frecuente ha avivado el debate público sobre la verdadera capacidad del sistema tributario colombiano para generar ingresos fiscales de manera eficiente, progresiva y sostenible en el largo plazo. Si bien es imperativo que el gobierno garantice la adecuada obtención y asignación de los recursos para su funcionamiento, esto no puede ir en detrimento de la eficiencia de los mercados y de las iniciativas privadas que favorecen el desarrollo económico.

La Comisión de Estudio del Sistema Tributario (CEST), creada para analizar el sistema actual de impuestos en Colombia y avanzar en reformas para promover su equidad y eficiencia, presentó la semana pasada su primer informe sobre el estado actual del sistema tributario colombiano en el que diagnosticó, de forma acertada, las principales problemáticas, relacionadas con la poca capacidad para generar los ingresos tributarios que requiere el país, la precaria progresividad de la estructura impositiva y la ineficiencia tributaria que recarga los impuestos sobre las empresas.  

Según la CEST, la baja capacidad de generar ingresos tributarios en Colombia es baja (20% del PIB) y se ubica por debajo de su potencial (24% del PIB.) Incluso, el recaudo interno está por debajo del nivel de América Latina y los países de la Ocde. En este sentido, se menciona que los recursos adicionales que necesita el Gobierno en 2018 son del orden de 1,5% del PIB, los cuales se espera que aumenten progresivamente hasta llegar a 3,3% del PIB en 2020, sin duda un gran reto en materia tributaria.

Respecto a las falencias en la progresividad del sistema tributario, la Comisión indica que el efecto redistributivo del ingreso de la política fiscal es casi nulo en Colombia, mientras que en países de la Ocde el efecto de los impuestos promueve de manera más decidida dicha redistribución. Este hecho cobra mayor relevancia teniendo en cuenta que en Colombia el Índice de Gini, que mide el grado de concentración del ingreso, es de 0,54, aún elevado en relación con Perú (0,44), Ecuador (0,48) y con los países europeos (por debajo de 0,35).

En materia de ineficiencia, la Comisión señala que si bien el recaudo de los impuestos directos ha ganado terreno durante los últimos años en Colombia, son las firmas quienes soportan gran parte de la carga tributaria. Mientras en Colombia cerca de 83% de la contribución de impuestos directos es aportado por las empresas, en los países de la Ocde es de 28% y en América Latina 64%. Esta situación, desde luego, menoscaba la inversión existente en el país y dificulta la atracción de nuevos capitales que permitan apalancar la producción y la generación de empleo.

En el informe de la Comisión se confirma, una vez más, la inconveniencia del GMF a través de varios argumentos que son ampliamente compartidos y ratificados por la banca y por el grueso de analistas. Sin embargo, hay que precisar que el problema del GMF no resulta de su actual tarifa, ya que, como parece sugerir el diagnóstico de las CEST, es su elevada tasa la que va en detrimento de la intermediación financiera. Es, y esto hay que ser enfático, la naturaleza per se del gravamen, independientemente de tu tasa, lo que resulta altamente anti-técnico y proclive a la desintermediación. Los costos de este impuesto no solo se circunscriben a la esfera del sector privado, sino también transcienden en costos sociales que el país debe pensar en dejar de asumir si quiere avanzar en conquistar mayores niveles de desarrollo.

En síntesis, aplaudimos no solo los lineamientos generales sobre el estado del sistema tributario colombiano sino también la contundencia con la cual la Comisión exhorta la necesidad de materializar una reforma que sea progresiva y eficiente. La Reforma Tributaria Estructural es una oportunidad valiosa para que se conciban fuentes de financiamiento alternativas que promuevan la eficiencia tributaria de manera armónica con la competitividad y la inversión que el país tanto necesita. En este propósito, el diagnóstico del CEST va, sin duda, por buen camino!

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