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La agudización del dilema…

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El pasado viernes el Banco de la República (BR), de forma acertada, incrementó su tasa de referencia en 25pb y llevó con ello la tasa de intervención hacia niveles de 5,50%, un movimiento que sin duda refuerza el endurecimiento de la política monetaria local, el cual empezó a darse desde septiembre de este año. Este se dio en un ambiente en el que no solo la tasa de inflación se ha mantenido con unas fuertes presiones alcistas sino también en el que las expectativas de inflación se han mantenido desbordadas de cara a 2016 y en el que ya luce bastante improbable que la economía crezca por encima de 3.0% real. El Banco de la República ha señalado, como buena parte del mercado bien lo venía anticipando, que la inflación difícilmente se ubicará por debajo del 4.0% en 2016 y que la convergencia hacia los niveles de 3.0% tomará quizás algo más de dos años. 

En un esquema de inflación objetivo, como el que rige al BR, el control de las expectativas es fundamental para mantener la variación de los precios en niveles bajos y estables. Si bien el aumento inflacionario ha estado impulsado por el efecto de la devaluación sobre los bienes importados y por un fenómeno de “El Niño” que amenaza con ser el más severo en los últimos años, lo que está en juego para 2016, además de la estabilidad de precios, es el comportamiento de la actividad productiva en medio de la reversión del ciclo económico y sus impactos sobre la generación de empleo tan necesaria en el país. Una situación que si bien ya era compleja, ahora toma tintes de mayor intensidad en la medida que la tasa de desempleo ha continuado incrementándose (8.2% a nivel nacional en octubre pasado) y en cuyo comportamiento no se han incorporado las recientes alzas en la tasa de intervención de la política monetaria.

Con la decisión del viernes ya se cumplen tres alzas consecutivas de la tasa de política monetaria y un aumento de 100 pb, que como es natural se irá sintiendo sobre el encarecimiento del crédito. Si bien es cierto que una sana moderación de la cartera luce natural y se colige de la decisión del BR, la dinámica de la inversión podría verse afectada en un momento en que es necesario mantener el estímulo a la inversión productiva y reactivar aquellos sectores transables que soportarán la tan anhelada recomposición sectorial, reactivando con ello la demanda. En ese sentido, si bien el incremento de la tasa era necesario e imperativo toda vez que busca atajar la posibilidad de materializar una espiral inflacionaria y anclar de nuevo las expectativas, esta situación pone a la economía en condiciones mucho más complejas para expandir el crédito, dinamizar la demanda interna y materializar con ello un mayor crecimiento de la actividad económica en el mediano plazo. 

La disyuntiva monetaria, que ha sido una constante a lo largo del segundo semestre de este año, aún persiste y de allí la importancia de afinar el instrumental monetario/cambiario para atajar rebrotes inflacionarios sin poner en riesgo la dinámica productiva y la generación de empleo. Este último factor se verá permeado adicionalmente por el ajuste del salario mínimo, cuyas discusiones se están desarrollando por estos días. 

En síntesis, bajo la alta complejidad que se plantea para 2016, es importante señalar que la prudencia es la guía más necesaria en las decisiones que en materia de política económica se avecinan. Por un lado, en un periodo de reversión del ciclo, los incrementos de la tasa de interés muy por encima de su nivel neutral comprometerían la recuperación económica para el próximo año. Por otro lado, es fundamental que se interiorice que las decisiones y discusiones en materia salarial este fin de año deberán tener como derrotero la premisa de propiciar el bienestar de la clase trabajadora mediante el empleo, la formalización y la estabilidad de precios. Ese, sin duda, es el mayor acto de compromiso con los trabajadores y con el bienestar económico y social del país.

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