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Financiamiento del Sector Agropecuario

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No cabe duda que uno de los retos más importantes que tiene Colombia para lograr un mayor desarrollo económico es aumentar sus niveles de inclusión financiera y dinamizar el acceso al crédito, elementos cruciales para fomentar el ahorro y reducir la informalidad. Si bien en los últimos años el país ha hecho grandes avances en esta materia, pues el porcentaje de adultos con al menos un producto financiero pasó de 55% en 2008 a cerca de 81,3% en 2018, debe anotarse que esta mejoría no ha sido uniforme y que la disparidad que se presenta entre las zonas urbanas y rurales continúa siendo inquietante.

En efecto, de acuerdo con información de Banca de las Oportunidades, mientras 87% de los adultos en las zonas urbanas cuenta con un producto financiero, dicha cifra es tan solo de 65% en las áreas rurales y de 54,7% en las áreas rurales dispersas, diferencias que están en parte explicadas por el bajo nivel de profundización financiera del sector agropecuario (cartera/PIB), hoy cercano a 35,2%, aún por debajo del que exhibe la cartera total (48,8%).

Las entidades del sector financiero, hay que señalarlo, han realizado significativos esfuerzos para reducir esta brecha, un hecho que, aunado a la mejor dinámica del sector, se ha visto reflejado en un mejor desempeño de la cartera agropecuaria. En particular, la cartera de este segmento entre 2013 y 2018 creció a una tasa de 6,9% real, nivel que superó al de la cartera total (5% real) y permitió apalancar una mayor cantidad de emprendimientos rurales.

Los retos, sin embargo, continúan siendo ingentes. Los resultados de la Encuesta de Opinión Agropecuaria (EOA), diseñada con el fin de realizar una caracterización de la demanda por servicios y productos financieros entre los empresarios del sector rural, han sido muy ilustrativos sobre sus preferencias y las dificultades que enfrentan para llevar a cabo sus actividades. Según la EOA, 67% de los empresarios del sector accede al crédito formal, cerca de un 29% se financia con recursos propios y un 4% usa fuentes de crédito informales, lo que evidencia que aún existe un gran margen de mejora en este aspecto. La EOA también evidenció preferencias por acceder a créditos formales de bajo monto y a destinar parte de los recursos para subsanar dificultades en el comportamiento del ciclo de la actividad productiva y restricciones en su flujo de caja.

En lo referente al pago de sus obligaciones, cerca de un 31% de los empresarios encuestados afirmó haber tenido problemas con las mismas y que en gran medida su morosidad estaba relacionada con pérdidas inesperadas por fenómenos climáticos y con la baja rentabilidad de su actividad productiva.

Por ello, resulta imperativo continuar fortaleciendo las estrategias que se vienen abordando en materia de financiamiento rural, particularmente las asociadas a i) el diseño de productos que se ajusten de manera más eficiente a las características específicas que tiene el ciclo de producción de los bienes del sector agropecuario, y ii) a la oferta de servicios financieros a través de canales digitales, una herramienta que permite abaratar costos operativos y aumentar la cobertura, pero que hoy continúa viéndose limitada por el bajo nivel de penetración de internet en las zonas rurales.

Avanzar de forma decidida y coordinada en estos frentes es una condición sine qua non para el impulso y dinamismo del sector agropecuario, un sector pilar para el crecimiento y el desarrollo económico en el país.

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