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El mercado que merecemos

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La respuesta al interrogante de qué tipo de Mercado de Capitales (MC) queremos para los próximos años no es sencilla. Debemos empezar por reconocer que los esfuerzos y avances llevados a cabo hasta la fecha no han sido suficientes para cerrar las brechas en materia de profundidad, liquidez y eficiencia frente a pares regionales.

Las causas coyunturales de esta rezagada posición responden a un ambiente de fuertes desafíos que ha sorteado la economía durante los últimos cuatro años, generando, como es apenas natural, que el MC local haya perdido tracción. En efecto, en lo corrido de 2018, el índice Colcap ha caído cerca de 9% y no parece avizorarse una recuperación marcada en lo que resta del año.

Por su parte, las emisiones en renta variable, aunque mayores frente a las del año pasado, apenas alcanzan a representar la quinta parte del monto máximo emitido en un año, hecho que ocurrió en 2011 cuando se emitieron más de $8 billones. En cuanto al mercado de renta fija corporativa, todo parece indicar que las emisiones de este año apenas alcanzarán la mitad del monto colocado en 2017, cuando se emitieron bonos por más de $12 billones.

Aunque en materia de deuda pública hay que destacar que el país continúa siendo atractivo para los extranjeros, cuyos fondos foráneos mantienen su participación en alrededor de 25%, la pérdida de dinamismo en los otros segmentos ha menoscabado la poca profundidad del mercado frente a varios pares regionales. Mientras la capitalización bursátil del país apenas alcanza 30% del PIB, en Chile o México supera 80%.

Desde el punto de vista estructural, no se puede desconocer que el mercado local es marcado por una escasa cantidad de emisores y emisiones. Colombia cuenta con apenas 69 empresas listadas en bolsa, cifra invariable desde 2013 y baja comparada con el promedio por país en Latinoamérica, cercano a 125 empresas. Además, la rotación accionaria refleja que los niveles de liquidez de nuestro mercado resultan insuficientes para otorgarle mayor dinámica. Por último, y no menos importante, aparecen los rezagos en educación financiera, sin duda un asidero para el acceso informal a capital.

Todo lo anterior sugiere revisar concienzudamente las condiciones institucionales que obstaculizan el desarrollo financiero del país. Para lograrlo, en buena hora se ha empezado a impulsar la nueva Misión del Mercado de Capitales, un trabajo coordinado entre todos los agentes que participan en el mercado de valores y que esperamos desemboque en una hoja de ruta que permita continuar avanzando en los frentes que más acusan rezago. En efecto, conscientes de su trascendencia para el bienestar social y su influencia para consolidar el desarrollo económico, el fin último de esta misión no puede ser distinto al de lograr un mercado de capitales más integrado, competitivo y profundo.

Esperamos, en este contexto, que los recientes planteamientos del proyecto de Ley de Financiamiento en materia de MC resulten compatibles con los objetivos de la Misión. Las políticas a aplicar en el futuro próximo no pueden ser contradictorias.

Los colombianos merecemos un MC de avanzada, que adopte la economía digital, que cuente con la capacidad de canalizar eficientemente el ahorro y la inversión para la generación de mayor valor agregado, que complemente la intermediación crediticia, ofrezca soluciones de ahorro de largo plazo y potencie la formalidad y el financiamiento de proyectos empresariales y personales. Todo ello se traducirá en el cierre de brechas en materia de desarrollo económico, social y financiero.

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