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Dólar en las nubes, riesgos acotados…

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Ni mercado, ni el Gobierno, ni el Banco de la República (BR), ni analista alguno, logró anticipar meses atrás la celeridad y la magnitud en la senda de depreciación del tipo de cambio, que ya ha tocado umbrales de $2.600-$2.660 y ha alcanzado una depreciación anual cercana a 30%. Incluso, la más pesimista de las estimaciones, realizada por Hernando José Gómez para las Naciones Unidas y que en su momento fue tachada de alarmista, terminó quedándose corta frente a la nueva realidad petrolera y cambiaria.

Los analistas y el Gobierno tienen que percatarse que los riesgos y la vulnerabilidad asociada a la dinámica del crudo aún continúan latentes y podrían exacerbarse si los precios se mantienen bajos durante un periodo prolongado. Esta nueva realidad, sin duda, podría no solo deteriorar el balance del Gobierno Nacional, sino afectar la demanda interna y la dinámica de inversión local, con efectos igualmente adversos para muchos de nuestros socios comerciales  que exhiben algún grado de dependencia petrolera.

Cabe señalar que el gran “lunar” en materia de vulnerabilidad externa continúa asociado precisamente a la sensibilidad frente a la dinámica de los commodities (petróleo) y a las eventuales reversiones en nuestros términos de intercambio. La nueva realidad en materia de precios del crudo, sumada a las nuevas condiciones de liquidez que supondrá el inicio de la normalización monetaria en EE.UU. encara un riesgo importante de cara al financiamiento de los cada vez más abultados déficits en cuenta corriente y a un eventual desbalance externo. De otro lado, la incertidumbre sobre el rumbo y la dinámica económica internacional continua siendo alta. Pese a que la economía de EE.UU. parece mostrar un mayor dinamismo, no es claro que Europa logre una recuperación marcada.  Por su parte, la normalización de la política monetaria en EE.UU. es un factor que tendría incidencia sobre la recomposición de los flujos de inversión, sin duda en contra de los activos de los países emergentes. Los mayores déficits en la Balanza Comercial y en la Cuenta Corriente que este nuevo escenario supone podrían no ser financiados con la misma holgura por los flujos de portafolio e Inversión Extranjera Directa.

Sin embargo, también es importante señalar que los flujos de portafolio no perderán una tracción significativa. Pese a que los episodios de volatilidad e incertidumbre en los activos de los países emergentes podrá ser una constante en el corto plazo, los mercados continuarán bajo la óptica de diferenciación entre aquellas economías con fundamentales macroeconómicos sólidos y aquellas con mayores niveles de vulnerabilidad. Este hecho refuerza nuestras expectativas de una reversión en los niveles de aversión el riesgo y en las primas de riesgo país en el corto y mediano plazo una vez los mercados globales decanten la incertidumbre y la sobre-reacción que ha incorporado la descolgada de los precios del crudo y la normalización monetaria. 

Y pese a que hay que advertir sobre la persistencia de los riesgos, ahora con amenazas inflacionarias por cuentas de la excesiva devaluación del tipo de cambio, también cabe señalar que Colombia cuenta con un nivel de Reservas Internacionales holgado (cercano a los US$47.300 millones, 12% del PIB) para enfrentar no solo eventuales restricciones de liquidez en dólares sino para suavizar las volatilidades cambiarias excesivas. 

Esta condición se convierte en una fortaleza adicional de la política monetaria en la medida en que una mayor capacidad para mitigar fuertes depreciaciones del Peso reducirá los efectos alcistas en inflación vía ‘pass-through’, y con ello el dilema entre política monetaria-cambiara que suelen enfrentar los bancos centrales en periodos de bajo crecimiento y presiones inflacionarias vía devaluación. El BR, en este escenario, cuenta con la holgura necesaria en materia de reservas para defender, en caso de que sea necesario, niveles determinados de tipo de cambio a través de intervenciones discrecionales con el fin de atajar devaluaciones excesivas que pongan en riesgo el cumplimento de la meta de inflación.

En todo caso, el monitoreo de los riesgos (de espectro amplio pero acotado) deberá ser una tarea constante y deberá estar acompañado de medidas macro-prudenciales oportunas y de una correcta coordinación de la política monetaria-cambiaria.

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