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Derrumbando mitos…

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A lo largo de los últimos años se han venido incubando mitos en el imaginario colectivo acerca de la calidad y los costos de los productos bancarios. Estas creencias, ampliamente erróneas, han permitido que con cierta frecuencia se presenten iniciativas legislativas que afectan el desarrollo del sector bancario en el país. Algunas de ellas han procurado que el sector financiero tenga un régimen tributario especial cuyas tasas sean muy superiores al resto de la economía, otras han estado encaminadas a regular los costos que prestan las entidades financieras y, muchas otras, han intentado sobre regular el mercado de intermediación y en general, el mercado financiero.

A pesar de que la mayoría no culminan su trámite, otras encuentran tierra fértil en la impopularidad del sector bancario y logran ser aprobadas pese a su carácter anti técnico. Ejemplos de ello son la creación y extensión del Gravamen a los Movimientos Financieros (GMF) y las inversiones forzosas en Títulos de Desarrollo Agropecuario (TDA). Estas medidas, que han terminado presionando al alza los márgenes de intermediación financiera, han terminado alimentando a su vez la impopularidad del sistema financiero en pos de réditos políticos, lo que constituye uno de los peores círculos viciosos en los que se encuentra inmerso el sector, elevando ostensiblemente sus niveles de riesgo regulatorio. 

De tal forma, pareciera que la baja popularidad es la causa de dicho círculo vicioso, la cual se suele explicar por varias creencias: i) el sector tiene rentabilidades exorbitantes, ii) los servicios financieros son de mala calidad y iii) los costos de los servicios son excesivos. Pues bien, en cuanto al primer punto, uno de los errores recurrentes es que se suele hablar de las utilidades en términos absolutos, sin comparación alguna con los niveles de activos o patrimonio y con total desconocimiento de los niveles de riesgo en la composición de los activos del sector. Pero es en los últimos dos puntos donde se han creado algunos de los mitos más populares que, sin embargo, pueden fácilmente desvirtuarse cuando se evalúan bajo el rigor de los datos. 

El primer mito es que la calidad de los servicios financieros es baja y que viene cayendo de manera sostenida. Pues bien, si se analiza el número de quejas por persona en el sistema o por el número de transacciones, se observa que estas han caído alrededor de un 40% desde 2007, logrando que por cada 100.000 transacciones que se realizan tan solo 18 presenten algún tipo de dificultad. Es decir, el 99,98% de los movimientos se realizan de manera eficiente y sin reparos. Este comportamiento no ha sido liderado por un producto en particular, sino por toda la oferta de servicios en su conjunto. En efecto, tanto las quejas de tarjetas crédito, cuentas de ahorro y cuentas corrientes sobre el total de esos productos han disminuido sostenidamente. 

El segundo mito es que los servicios financieros son excesivamente costosos y vienen creciendo de manera desproporcionada. En este caso, vale la pena señalar que con base en los datos reportados por la Superintendencia Financiera y en el Índice de Precios de los Productos Financieros (Ippf) de Asobancaria, se evidencia que los precios de los productos financieros han exhibido ritmos de crecimiento muy por debajo de la inflación e, incluso, con claras tendencias deflacionarias en algunos años. Además, si se comparan las cifras de la banca con sus pares regionales, se encuentra que el sistema financiero en Colombia es de los menos cotosos de la región. Por ejemplo, en la sonada cuota de manejo, Colombia ocupa el segundo lugar en términos de bajos costos y ocupa el primero en el costo asociado a los retiros en cajeros. Incluso, existen segmentos donde los usuarios reciben servicios de manera gratuita como los movimientos realizados a través de canales telefónicos o por internet, que sí se cobran en otros países.  Estas cifras, desde luego, no arrojan un parte de tranquilidad en cuanto a la calidad y precios de los servicios financieros, pero sí sirven para dimensionar adecuadamente la evolución de los costos, su relación frente a los estándares regionales y para reconocer que se han dado pasos en la dirección correcta. 

Sin embargo, hay que reconocer también que aún existen grandes retos en este frente, cuyos esfuerzos para afrontarlos deberán ser liderados por parte del sector público y privado. La Banca en Colombia continua comprometida con garantizar productos de alta calidad al menor costo posible y continuará redoblando esfuerzos en seguir mejorando la experiencia del cliente y en difundir los programas de educación financiera, estos últimos de gran importancia para la dinámica del sistema y para derrumbar las creencias erróneas sobre la Banca que han venido haciendo parte del imaginario colectivo.

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