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Concentración y competencia en la banca colombiana

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Con el ánimo de contribuir al análisis económico y al debate sobre temas de gran calado para la historia económica y financiera del país, Asobancaria recurrió al economista e historiador José Antonio Ocampo para que, con su aguda visión, analizara la historia del sistema financiero colombiano. El resultado de su estudio derivó en un libro que se lanzará próximamente de forma oficial en Colombia y que se constituye desde ya como un gran referente para el análisis económico y financiero de los últimos 50 años. 

Este mismo diario, en una entrevista con el autor sobre los resultados de su estudio, hizo muy sonada en días pasados una de sus conclusiones, que señala que el sector tiene hoy los niveles de concentración más altos de su historia. Un hecho que, en su criterio, debería dar lugar a una discusión de regulación. Esta apreciación, sin embargo, hay que leerse con cuidado y amerita desde ya algunas precisiones.

Cabe pensar que una industria más concentrada tendría mayores facilidades a coludir en la medida en que el número de jugadores con participaciones de mercado relevantes son menores. Sin embargo, es importante tener en cuenta que no siempre una mayor concentración implica una menor competencia, o viceversa. Al respecto, diversos estudios han demostrado que para el caso colombiano, en especial entre el periodo posterior a la crisis, si bien la concentración aumentó como consecuencia de las fusiones y adquisiciones entre entidades, como también lo acierta en señalar Ocampo, la competencia en el sistema bancario no disminuyó. 

Por otra parte, el indicador C3, que mide la concentración de los activos de los tres bancos más grandes con respecto al total de activos del sistema, señala que el grado de concentración en Colombia es inferior a los referentes internacionales. Para 2011, los tres bancos más grandes en Colombia concentraban el 51.5% del total de activos del sistema, en contraste con el 76.1% de los países de ingreso alto y el 60.4% de América Latina. Adicionalmente, con respecto a 2011, la banca en Colombia ha disminuido su concentración en casi 200 puntos básicos (PB), llegando en la actualidad a niveles cercanos a 66%. 

Es importante también resaltar que la teoría bancaria sobre estabilidad financiera reconoce que la atomización de la participación del mercado en muchos jugadores no resulta ser óptima. Si bien es cierto que la competencia perfecta es la estructura de mercado deseable en términos del excedente del consumidor, también lo es que su funcionamiento implica conceptualmente la entrada y salida de firmas. En nuestro sector este tema no es tan sencillo. En el sistema financiero, la salida de firmas (quiebra de un banco) podría derivar en riesgos sistémicos. De allí que, contrario a lo señalado por Ocampo, estos niveles de concentración (que son de los más bajos entre los países en desarrollo) vayan de la mano con el propósito superior de una mayor estabilidad financiera.

En el imaginario colectivo también se suele creer que la concentración del sector imposibilita la competencia, de modo que eleva el margen de intermediación y la rentabilidad del sistema, con la posterior disminución en la calidad de los servicios. Sin embargo, la experiencia de la banca en Colombia muestra lo contrario: una rentabilidad que ha mostrado una tendencia decreciente, en paralelo con un incremento en la calidad de los servicios bancarios y en la bancarización.

En síntesis, el país debe percatarse que, a la luz de las cifras, los niveles de concentración del sistema bancario colombiano no se han traducido inexorablemente en menores niveles de competencia ni en una menor calidad del servicio. Incluso, a nivel internacional, los niveles de concentración locales se encuentran por debajo de varios referentes y los esfuerzos de la banca local por llegar cada vez a más colombianos han sido reflejo de un sector cuya competencia promueve la eficiencia, que sobre cumple los requisitos regulatorios y que continuará focalizando esfuerzos en pro del compromiso de tener una banca más cercana, competitiva, incluyente y moderna.
 

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