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Buen viento para el crédito

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Santiago Castro - scastro@asobancaria.com

El ciclo de expansión económica en Colombia continuó afianzándose durante 2019 y esperamos una aceleración en 2020. Este sólido crecimiento, enmarcado en un contexto de inflación controlada y política monetaria expansiva, permite posicionar al país como el de mejor desempeño entre las principales economías de América Latina.

Este escenario, en el que la demanda interna se mantiene como pilar de crecimiento y soporte del proceso de recuperación, ha propiciado un valioso impulso en el crédito formal. Hoy, las estimaciones del mercado en materia crediticia son en efecto mucho más positivas. El crecimiento de la cartera de crédito, que estaría bordeando el 6,3% en 2020, superando el 4,0% de 2019, confirma así la reversión en la tendencia de desaceleración observada desde 2014 tras el choque en el precio de los commodities.

Son desde luego varios los factores que juegan a favor del crecimiento de crédito. La mejora en nuestros términos de intercambio, la fortaleza del consumo de los hogares, que se mantendría a lo largo del año, y unas tasas de interés por debajo de sus niveles neutrales, favorecerían el crecimiento en las diferentes modalidades crediticias.

El segmento de crédito de consumo, que en 2019 registró un impulso significativo, con una tasa de crecimiento cercana a 12% real, mantendría su dinamismo a lo largo de 2020, con una ligera moderación, logrando un alza cercana a 10,6%. Esta tendencia encontrará soporte en los sólidos fundamentales macroeconómicos, las bajas tasas de interés y el mantenimiento de los buenos niveles de recepción de remesas del exterior, elementos que en conjunto permitirán consolidar el positivo desempeño en los principales segmentos del crédito, particularmente en libre inversión, tarjetas de crédito y libranza.

Las demás modalidades presentarán también un desempeño destacado, incluso con una notoria aceleración frente a los registros de 2019. La cartera de vivienda se verá favorecida tanto por la materialización de los programas de gobierno, como por la paulatina depuración de inventarios del segmento No VIS, el cual ha representado un lastre para el sector en los últimos años. A nivel empresarial, la cartera de microcrédito pasaría en 2020 a terreno positivo (1,5%) después de presentar contracciones sostenidas a lo largo de 2019, año en el que habría cerrado con un inquietante -0,9%.

Este comportamiento iría de la mano con el mejor desempeño de la cartera comercial, que se expandiría a niveles de 3,8% real gracias al mejor escenario esperado en la actividad productiva y al dinamismo de los canales de inversión.

La saludable expansión de la cartera crediticia, valga anotarlo, no ha comprometido ni comprometerá la estabilidad del sistema financiero, lo que permitirá que el balance de riesgos permanezca acotado. Las mejoras en el indicador de calidad de cartera, aunadas a la correcta gestión de riesgos por parte de las entidades, permitiría seguir contando con indicadores de cubrimiento holgados para todas las modalidades.

Existen, no obstante, algunos factores que podrían restar impulso a la dinámica crediticia: (i) un eventual deterioro en el desempleo, (ii) la desaceleración de nuestros socios comerciales, (iii) la continuación de las movilizaciones sociales (que podrían minar las decisiones de inversión), y (iv) un mayor rezago en la recuperación del sector de la construcción. Todo ello nos exigirá, por supuesto, mantener en correcto monitoreo la evolución de estos elementos a lo largo del año. Aun así, 2020 augura un buen viento para el crédito.

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