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Analistas 31/03/2021

Balance en la relación con China

Santiago Castro
Expresidente de Asobancaria

Tengo una gran admiración por China, pero tengo que confesar que me sentí perturbado cuando escuché a Alicia Arango, Embajadora de Colombia ante la ONU, alabar a la República Popular de China por sus “avances en derechos humanos, económicos, y sociales…”. Ojalá se hubiera limitado a los avances en derechos económicos y sociales. Porque de hecho es un régimen autoritario, y sí ha existido represión contra la población uigur de mayoría musulmana, y se ha marchitado la democracia en Hong Kong.

Lo que si me sorprende son las críticas a la Embajadora y al Gobierno por mantener muy cordiales relaciones con Beijing, pero buscar también cercar diplomáticamente a Caracas y mantener distante a La Habana. ¡Reclaman coherencia dicen…pero que equivocados están en las comparaciones! Nuestros dictadores tropicales en Cuba y Venezuela convirtieron países ricos bajo estándares latinoamericanos en países atrasados con altos índices de desabastecimiento y pobreza. Los chinos, por el contrario, comenzando mucho más atrás en todos los indicadores, han logrado transformar una sociedad agraria en una superpotencia que ha creado riqueza y bienestar con un alto grado de libertades económicas, sacando de la pobreza a cientos de millones de sus ciudadanos.

Una cosa es Colombia en el contexto regional donde puede y ha jugado un papel de liderazgo económico y político, y otra cosa es Colombia en el contexto de la geopolítica de las grandes potencias donde el curso de acción más indicado es mantenerse al margen. Eso no quiere decir que no insistamos en la observancia a las reglas y tratados internacionales. Y es así como se debe enmarcar nuestra relación con China, un socio comercial de primer orden, una fuente de grandes inversiones, y ahora con el Metro de Bogotá, un partícipe clave en el desarrollo de nuestra infraestructura. Yo no veo a China albergando, apoyando, y armando terroristas que atacan a Colombia como sí lo hace Maduro, o dándoles refugio como sí lo hace Cuba.

Aun así, creo que hay dos tareas que podemos llevar a cabo con el gigante asiático. En lo comercial, es preciso que se corrija el desbalance en bienes, donde China nos exporta US$10.398 millones, mientras nuestras exportaciones a ese país suman US$2.750 millones, lo que nos arroja es desbalance de US$7.648 millones según cifras preliminares del Dane. Esta cifra es incluso mayor que el desbalance que presentamos con Estados Unidos, con quien tenemos mayor volumen de comercio. Es demasiado grande para ser sostenible y debe ser reducida significativamente por acuerdos entre ambos gobiernos, para evitar tener que echar mano de imposición de tarifas arancelarias.

En lo político, creo que tendremos que plantearle a Beijing, de frente y sin tapujos, que tenemos en Venezuela un régimen agresor, que no solo atenta contra nuestra seguridad sino contra la seguridad y el bienestar de su propio pueblo. De esta manera, esperaríamos nosotros, como un socio próspero y confiable, que se atenúe el extenso salvavidas financiero que se le ha prestado a la arruinada dictadura vecina. Colombia también hizo un corte con Taipéi hace 40 años para llegar al excelente estado de relaciones bilaterales actuales. Ahora bien, no sería pedir que corten con Caracas ni más faltaba. Pero sí sugerir enfáticamente que pongan en la balanza quién importa más en lo económico y en lo geopolítico…una economía pujante y resiliente, o un estado fallido.

Esa debería ser nuestra conversación conjunta, enfocados eso si en la meta de un buen balance en nuestra relación con la República Popular de China.