Analistas

Avances y retos…

Este año comenzó con una dosis de incertidumbre sobre el rumbo de la política mundial y su eventual impacto sobre la economía global, particularmente asociada a la dinámica del nuevo Gobierno de Estados Unidos. Este escenario, al que se le irán sumando los elementos propios de los procesos electorales de Alemania y Francia donde se llevarán a cabo elecciones presidenciales, marcará buena parte de la agenda política y económica internacional a lo largo del año. Si bien las perspectivas sobre el crecimiento en EE.UU. parecen, por lo menos en el corto plazo, tomar un aire positivo, las perspectivas sobre Europa y buena parte de América Latina lucen frágiles.

En efecto, aunque en el vecindario el panorama económico presenta hoy cierto tinte de recuperación, lo cierto es que el contexto político global se mantendrá en vilo la dinámica regional. A nivel local, si bien los análisis sobre los factores que podrían impulsar el crecimiento en Colombia tienden a favorecer una mayor dinámica económica frente a 2016, los ritmos de recuperación se mantendrán por debajo de los niveles potenciales, los cuales ahora amenazan con reducirse a niveles de 3,5%. Esta nueva realidad empieza a señalar la importancia de apuntalar con precisión acciones tendientes para sopesar la incertidumbre que todavía ronda en el panorama económico y, en este escenario, los sectores con alta capacidad de generación de valor agregado son por supuesto cruciales para lograr dicho propósito. 

Bien hay que resaltar que el sector bancario, en este proceso, ha sido una de las actividades que más ha contribuido en la generación de valor agregado aún en medio de un ciclo económico adverso, un resultado atribuible a su fortaleza y solidez.

Estos esfuerzos han permitido generar un parte de tranquilidad no solo sobre la estabilidad macrofinanciera del país sino sobre la dinámica de irrigación de crédito, un hecho que señala la importancia de continuar avanzando en esta dirección.  En este contexto, el sector deberá continuar aproximándose a estándares interna- cionales, por lo que consideraciones como (i) la continuidad del proceso de migración a Basilea III, (ii) la adopción de la NIIF 9 en el deterioro de instrumentos financieros, o (iii) los análisis requeridos para lograr una adecuada implementación de la regulación asociada al proceso de expansión e internacionalización de la banca local, serán elementos que marcarán el accionar de las entidades financieras en el corto y mediano plazo. 

Sin embargo, también se requerirá que se sigan fortaleciendo otros aspectos que hacen parte del sistema finan- ciero, asociados en general al mercado de capitales y en particular al mercado de divisas, lo que permitirá mitigar los efectos de la incertidumbre y las volatilidades cambiarias sobre la dinámica de los mercados. Precisamente, uno de los principales retos en este sentido consiste en profundizar el mercado de derivados mediante el reconocimiento, dentro del marco normativo local, de los acuerdos de colateral y la alineación del cálculo de la Tasa Representativa del Mercado a las prácticas internacionales. Estos ajustes, sumados al gran avance en el posicionamiento del Indicador Bancario de Referencia (IBR), permitirán una mayor profundización y crecimiento del mercado de deri- vados y, por consiguiente, del mercado de capitales en procura de apoyar el proceso generador de valor agregado que tanto requiere el país.

En suma, si bien las expectativas sobre 2017 siguen siendo relativamente favorables para nuestra economía, la incertidumbre en diversas latitudes del mundo desarrollado incorpora un foco de análisis adicional para dimensionar sus posibles impactos sobre la dinámica local. De allí que una de las premisas empresariales y de la política pública sea la de acelerar de manera asertiva los procesos que fortalezcan nuestros sectores, un aspecto en el que nuestro sector bancario y crediticio continuarán alineando esfuerzos.