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El nuevo panorama interamericano

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Las reuniones hemisféricas a nivel de jefes de gobierno tienen un objetivo distinto al de la toma de decisiones. Sirven para hacer una revisión al estado de las relaciones interamericanas y para tratar de identificar áreas de acción conjunta. La heterogeneidad de los países participantes conduce a que las conclusiones sean inocuas o revelen la falta de consenso.  

El evento noticioso de la Cumbre de Panamá fue la asistencia de Raúl Castro y su reunión con Barack Obama para continuar avanzando en el proceso de normalización de las relaciones bilaterales. Ese encuentro no fue sorpresivo.  Contribuyó a hacer explícito el compromiso anunciado por los dos presidentes en el mes de diciembre.  

Tampoco fueron sorpresivas las diatribas contra Estados Unidos durante las intervenciones de Cristina Kirchner y Nicolás Maduro, con la ausencia conspicua del presidente Obama. La situación económica de los países afecta su imagen externa. Argentina se encuentra en estado de cesación de pagos y en recesión. Venezuela enfrenta una actividad económica en caída libre y una inflación de tres dígitos.

El clima de opinión internacional se ha vuelto menos receptivo a la retórica autoritaria y colectivista de los ideólogos bolivarianos. Con motivo de la Cumbre, hubo una reunión hemisférica de empresarios, en la cual el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera de Cuba, Rodrigo Malmierca, expresó la aspiración de atraer flujos de inversión privada del orden de US$2.000 millones anuales hacia la isla. La creciente presión externa a favor del respeto a los derechos humanos y la libertad de los presos políticos en Venezuela ha colocado al régimen de Maduro a la defensiva.

Se observa una menor disposición de los países latinoamericanos a adoptar una actitud de confrontación sistemática hacia Estados Unidos. La aproximación diplomática con Cuba removió un tema controversial de la agenda hemisférica. Y la actitud del presidente Obama con respecto al manejo de la inmigración ha sido bien recibida.

Por lo demás, América Latina se encuentra en una situación económica frágil, al tiempo que se reactiva la economía de Estados Unidos. La política exterior y la política interna tienen un vínculo estrecho. Así por ejemplo, la recesión económica en Brasil y la indignación popular por la crisis de Petrobras, ayudan a explicar el perfil bajo y el tono conciliador de Dilma Rousseff.

Un tema que tuvo poca prominencia en las discusiones de la Cumbre fue el de la liberalización comercial a escala hemisférica. Ése ha dejado de ser un objetivo prioritario para Washington. La Casa Blanca está concentrando sus esfuerzos en negociar la Asociación Trans-Pacífica y la Asociación Trans-Atlántica de Comercio e Inversión con la Unión Europea. 

Como parte de la diversidad latinoamericana, se acepta que unos países opten por el libre comercio, mientras que otros prefieren el proteccionismo. El momento de grandes esquemas interamericanos, como la Alianza para el Progreso o el Alca, ya pasó. Pero con buena voluntad y pragmatismo, sigue habiendo un campo extenso para impulsar proyectos de interés común en el hemisferio.

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