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Iván Duque y Latinoamérica

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El presente año es trascendental en el futuro económico y político de nuestra región. América Latina tendrá siete procesos electorales, entre ellos, México, Brasil y Colombia. Los tres países con fuertes aspirantes presidenciales de izquierda, afines al foro de Sao Pablo y a las políticas predicadas por Hugo Chávez y los hermanos Castro.

Nuestra región ha sido azotada, más notablemente en los últimos años, por la corrupción, la cual en Colombia equivale a casi $50 billones anuales, según el Contralor General. Además, tanto Colombia como Brasil y México se encuentran muy mal clasificados en el índice de percepción de la corrupción elaborado anualmente por Transparencia Internacional.

A este fenómeno se suman otras deficiencias que crean un caldo de cultivo excepcional para el advenimiento de gobiernos populistas: cifras de la Cepal indican que Latinoamérica tiene 38 millones de analfabetas, mientras el Banco Mundial afirma que más de 27 millones de latinoamericanos van diariamente a la cama sin nada qué comer. El gran error consiste en creer que líderes como Gustavo Petro o Andrés Manuel López Obrador, con sus ideas populistas y de estatización de las industrias, resolverán mágicamente las grandes carencias que padecemos.

Es posible que los candidatos logren maquillar sus cercanías y afinidades con personajes como Hugo Chávez. Sin embargo, al mercado poco se le oculta.

Por ejemplo, en las anteriores elecciones presidenciales de México, cuando López Obrador lideraba los sondeos de intención de voto, se produjo una abrupta caída del precio del peso mexicano, muy similar a lo que está empezando a ocurrir en Colombia con las cláusulas con condiciones ‘antipetro’ que se están firmando en el sector inmobiliario.

Esto refleja el miedo de los inversionistas a medidas como el impuesto a la tierra no productiva, que es el paralelo al tributo a la tierra ociosa, bajo el cual el exdictador venezolano comenzó las expropiaciones.

En mi paso laboral por el Congreso, tuve la oportunidad de conocer a Iván Duque; respetado entre todos por sus impecables debates en el Senado y por su capacidad de expresar y convencer con tranquilidad y argumentos.

Además de esto, vi en él una gran facilidad para leer las tendencias económicas globales y los grandes problemas nacionales como la informalidad, el desempleo juvenil y la deuda social que tenemos como país. Su elección como presidente de Colombia devuelve la esperanza a muchos colombianos.

Así como en Europa jóvenes de la altura de Macron y Sebastian Kurz han sido faros para la juventud, en Colombia el triunfo de Iván Duque, un joven fresco, imbatible y profundo en la batalla de las ideas y propuestas, polifacético y sereno, pero también firme, puede marcar un paradigma para los nuevos liderazgos de un continente que ha sufrido las consecuencias del socialismo populista de países como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Brasil, Argentina y Bolivia.

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