Analistas

El Nobel que no VE

A meses de terminar el Gobierno Santos el ambiente que respira el pueblo colombiano es de zozobra e incertidumbre tanto a nivel económico como político. Hace algunos días me encontraba en una cena con algunos empresarios, me llamó la atención que el tema de conversación girara en torno al desastre económico que vive nuestro país. En la mesa se hablaba de cómo han tenido que despedir empleados por la disminución del consumo, hablaban también de la posibilidad que implica la candidatura presidencial de un delincuente como Timochenko, pero lo más frustrante fue ver cómo discutían acerca de sacar su patrimonio hacia otros países. A esto le llamo yo, el efecto económico Santos. El efecto Santos es aquel que prefiere la burocracia a la inversión en Ciencia y tecnología. Mientras se estima un aumento burocrático de 18.000 puestos en los últimos años, Colciencias tuvo una disminución de 41% en su presupuesto para este año, Coldeportes de 61%, industria y turismo cae 11%, ambiente y desarrollo cae 10,8% y los guerrilleros que llevaban más de 50 años como protagonistas de las atrocidades más grandes del país serán mejor pagos que un ciudadano común. El efecto Santos desperdicio la bonanza petrolera más grande de la historia para más tarde, alegando una reforma estructural, grabar los productos de la canasta básica familiar y dejar el país con un déficit gemelo preocupante, es decir, déficit en la balanza comercial y déficit fiscal.

El efecto Santos implica la dicotomía de un Nobel de paz que “nobel” aumento del desempleo, “nobel” que la corrupción se está devorando al país, “nobel” los numerosos paros e incumplimientos de su gobierno con los gremios, “nobel” el incremento abrupto de los cultivos de coca y el narcotráfico, “nobel” que las disidencias de las farc superaron los guerrilleros que están en las zonas de concentración según cifras de la ONU, “nobel” que su política anti cíclica llamada PIPE no logró que el país despegará económicamente, “nobel” que los dividendos de la paz no llegaron. El nobel no ve.

Aun con mi formación y mis preferencias ideológicas, debo decir que estas terminan cuando vemos las cifras e indicadores de Colombia en los últimos años. Colombia pasó de un crecimiento vertiginoso de 6,5 en el 2011 a crecer 3,1 en el 2015, 2,0 en el 2016 y 1,5 en lo acumulado del año. Los indicadores muestran un país que pierde competitividad, un país que pierde casi $50 billones al año en corrupción.

Lo más preocupante del efecto Santos es que logró devastar el optimismo de los colombianos para cambiarlo por un pesimismo tormentoso que se refleja en cada conversación cotidiana. Es bien particular que en los momentos en los que se vivía la “guerra” la gente sentía más optimismo, los mercados y empresas reflejaban con resultados ese positivismo que se respiraba y que tanto anhelamos los colombianos hoy.

El próximo presidente tendrá que tomar medidas muy impopulares, hacer más pequeño el Estado, bajar la carga impositiva que tanto golpea a los empresarios, pero el gran reto estará en recuperar una credibilidad desecha por declaraciones ante los medios para luego actuar contrario a ellas tras bambalinas. Ignorar la palabra empeñada es también parte del Efecto Santos.