Riesgos y perspectivas económicas 2019

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El tema económico más discutido en estos días de enero de 2019 ha sido el de los grandes riesgos y desafíos que enfrenta el manejo económico del país en el año que se inicia. Entre los riesgos internacionales figura la desaceleración que se pueda presentar en la economía mundial, lo cual puede tener una gran repercusión adversa sobre la actividad económica nacional. Existen preocupaciones por la posibilidad que se agudice una guerra comercial entre los Estados Unidos y la China; por las repercusiones adversas sobre el crecimiento económico de Europa que pueda traer consigo el proceso de salida de Inglaterra de la Unión Europea lo que se conoce como el Brexit, y por el impacto negativo que tendría una política monetaria más restrictiva en los Estados Unidos por parte de la Reserva Federal. No obstante estas preocupaciones, cabe resaltar que si bien la economía mundial se viene desacelerando, parece existir un consenso entre los especialistas que esta sería modesta, y se pronostica que la probabilidad que se geste una nueva recesión mundial es baja (10-15%). En el Reporte de los Riesgos Mundiales del 2019 que acaba de hacer público el Foro Económico Mundial se identifican y cuantifican, según probabilidad de ocurrencia e intensidad, no solo los riesgos macroeconómicos, sino los riesgos mundiales de tipo geopolítico, medio ambientales y climatológicos, tecnológicos (ataques cibernéticos), biológicos y aún humanos (como la pobreza, el desempleo y las migraciones) que pueden incidir en el economía mundial y en la colombiana.

En lo que hace a los desafíos de la política económica interna para 2019, según el Gobierno y los órganos de opinión especializados, los principales son los siguientes: los riesgos tributarios y fiscales que tienen que ver con el cumplimiento de la regla fiscal y la necesidad que enfrenta el gobierno de ser capaz de recaudar los $7,5 billones de ingresos adicionales aprobados en la reciente Ley de Financiamiento, así como la obligación y la factibilidad de adelantar recortes del presupuesto por $7 billones sin causar grandes disrupciones en el gasto social y en la inversión pública; los riesgos externos que puedan sobrevenir para el financiamiento del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos que se estima alcanzará 3,7% del PIB; los riesgos inflacionarios que puedan provenir de la trasmisión de la devaluación de la tasa de cambio a los precios internos y el impacto del Fenómeno del Niño en los precios de alimentos; los riesgos de un repunte del desempleo provocado por el flujo de inmigrantes venezolanos y el riesgo que la actividad económica no logre continuar con su tendencia creciente y realmente consolidar tasas de crecimiento superiores a 3,5% anual como lo venían pronosticando los analistas.

A estos riesgos relacionados con el manejo económico interno habría que adicionar los relacionados con la necesidad de mantener la inflación bajo control, tarea que recae en la Junta del Banco de la República; la conveniencia de adoptar medidas para estimular la actividad edificadora y la construcción de vías de 4G; la importancia de adelantar una reforma rural integral amigable a la economía de mercado, así como la de preparar y aprobar, sin dilaciones, las reformas estructurales que requiere el país en el ámbito presupuestal, del gasto público, y las pensiones.

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