Analistas 05/11/2020

Educación para la fraternidad

El Papa Francisco planea en su última encíclica un tema que me parece interesante compartir con los lectores, porque tiene una implicación grande en la vida familiar, empresarial y social.

El documento papal, que se llama Fratelli tutti, indica la conveniencia de educar para la fraternidad, es decir a aprender a vivir como hermanos pues eso somos delante de Dios, aunque Francisco no lo plantea desde una perspectiva religiosa, sino apelando a la pertenencia a la gran familia que formamos todos los seres humanos.

A pesar de que el Papa no se extiende explícitamente en este tema, hay referencia a este proceso educativo, de uno u otro modo, a lo largo de toda la encíclica. Elegí siete palabras, entresacadas del documento papal, para hacer lo que podría ser un programa de educación para la fraternidad. Cada lector de la encíclica puede seleccionar su propio elenco.

La primera de ellas es apertura, que indica la necesidad de estar abiertos a la novedad, sin rigideces, con flexibilidad mental. Apertura para aceptar al que ve las cosas de distinta manera, es estar abierto a quien no pertenece a mi grupo social, político, económico o ideológico. Apertura a todo y a todos, sin tener que renunciar, desde luego, a los propios principios y convicciones. Apertura es evitar juzgar y condenar a la gente.

Otra palabra que campea por el documento es respeto. A las personas y a las ideas. A razas y clases sociales, pues todo ser humano tiene la misma dignidad, que en última instancia procede de tener el mismo origen en Dios, de ser criaturas de Dios. Cuando está presente el respeto en las relaciones interpersonales es fácil la convivencia aún entre personas que piensan distinto, que tienen una posición política diferente. El respeto hace posible el diálogo, otra de las palabras claves del Papa.

Dialogar para buscar soluciones novedosas, caminos que no existen actualmente pero que podrían diseñarse y construirse si hay diálogo verdadero. Dialogar para evitar la confrontación y la polarización de posturas.
El diálogo implica saber escuchar, actitud mencionada por el Papa en diversas ocasiones y contextos.

Entender qué dice la otra parte realmente y por qué lo dice. Pensar bien, no estar a la defensiva, dejar que llegue el mensaje a la propia mente. Si a esta escucha se le añade la empatía el resultado es la armonía en cualquier grupo social.

El Papa propone la amabilidad como una actitud que hará posible la siguiente propuesta que se encuentra con frecuencia en el documento, el encuentro. La amabilidad desarma los corazones, pues para pelear se necesitan dos. Ser amable es la disposición de relacionarnos con los demás de modo cortés, con una sonrisa, con educación.

Así el encuentro es posible. Se puede estar uno junto al otro. Plantea también Francisco una actitud que hace que la solidaridad se agrande y se acerque a la fraternidad. Es la gratuidad, la conducta de quien da sin esperar nada a cambio, dar porque sí. Dar de lo que tengo a quien lo necesita. El Papa no planea dar sólo cosas materiales, sino, además, dar compañía, tiempo, afecto, etc. La gratuidad parte de la sensibilidad para ver y hacerse cargo de los problemas y dificultades de los demás.

¿Utopía? No. Sueño, reto, conquista que nunca acabará. Apertura, respeto, diálogo, escucha, amabilidad, encuentro y gratuidad. Siete aprendizajes que deben comenzar en la primera infancia.