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Los peligros de la “amplificación incestuosa”

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De forma más general, mucha de la gente que hace política monetaria o que comenta sobre ella desde posiciones de mucha influencia forma parte de lo que se podría llamar la mafia de Cambridge de la década de 1970. El Sr. Blanchard, Ben Bernanke, Ken Rogoff, Mario Draghi y su seguro servidor coincidimos en el MIT a mediados de la década de 1970; Larry Summers estaba en Harvard al mismo tiempo, tomando cursos en el MIT; y casi todo mundo era alumno de Stan Fischer.

Lo menciono no para afirmar mi membresía a un club exclusivo, sino simplemente para señalar que la mayoría de los integrantes de este grupo comparte puntos de vista bastante similares sobre cómo funciona la política. Siempre es gracioso cuando la gente me pinta como cierto tipo de marxista salvaje, con opiniones de política fiscal y monetaria completamente distintas a la corriente principal. Quizás escriba con vigor, pero en esencia normalmente hay muy poca diferencia entre lo que digo y lo que dicen mis ultra respetables ex compañeros de clase.

Lo que me lleva al punto.

Inusitadamente, en este momento el Sr. Blanchard (economista en jefe del Fondo Monetario Internacional) y yo tenemos una desacuerdo significativo respecto a la política monetaria estadounidense (esto no es información privilegiada; ese mismo día lo dijo durante la conferencia). Me preocupa mucho que el Consejo de la Reserva Federal pudiera estar preparándose para elevar las tasas de interés muy pronto; él es optimista, considerando como mínimo el riesgo para Estados Unidos de una trampa deflacionaria tipo Japón, y considerando sólido el caso a favor de elevar este año las tasas.

Cuando lo analizo, comprendo que nuestra discrepancia es parte de una separación más amplia. Entre la mafia de Cambridge, y en general entre la gente más o menos keynesiana orientada a la política, existe una división sorprendentemente aguda sobre la política monetaria de corto plazo en Estados Unidos. Y la división parece depender de una cosa: de si el economista en cuestión ocupa actualmente un cargo de política. El Sr. Summers ha tenido su oportunidad manejando el mundo, pero en este momento suena exactamente como yo. Hablando el mes pasado durante el Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, el ex secretario del Tesoro de Estados Unidos advirtió que “la deflación y el estancamiento secular son las amenazas de nuestro tiempo”, y que “no hay base confiable para ajustar. La Fed no debería estar luchando contra la inflación hasta que se le pongan los ojos en blanco”.

Y eso es exactamente lo que escribí el mes pasado: “No ajustar hasta que se le pongan los ojos blancos a la inflación, y en este punto no hay absolutamente ninguna señal de que la inflación esté cerca”.

Entonces, ¿a qué se debe está división? No tenemos acceso a hechos distintos. No tenemos modelos económicos distintos en ningún sentido fundamental. Es un mundo incierto, ¿pero por qué los que están al mando caen en un lado de esta incertidumbre, mientras que los de afuera caen en el otro?

Bueno, incluso la gente inteligente, flexible, puede ser presa de la amplificación incestuosa; cuando un grupo cerrado de personas repite las mismas cosas entre ellas. Y me preocupa que esto esté pasándoles a los de adentro. En general, pareciera menos probable para los de afuera, aunque es cierto que los “econoblogs” keynesianos forman lo que representa un grupo cerrado de discusión actual que pudiera estar creando cierta amplificación propia.

Pero si me pregunta, en este momento existe una preocupante complacencia entre los de adentro, y los exhortaría a considerar las consecuencias potenciales de estar equivocados.

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