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Las preocupaciones por China resucitan un zombi económico

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Es así porque la nueva preocupación por China es, en términos económicos, la misma vieja preocupación; que los chinos puedan destruir la economía estadounidense recortando el financiamiento, ya sea por motivos políticos o por disgusto con los déficits presupuestales. Esta ansiedad siempre ha reflejado una falla fundamental para entender la lógica económica, y hace mucho tiempo fue señalada numerosas veces no solo por su seguro servidor, sino también por gente como Dan Drezner, un profesor de la Universidad de Tufts, en 2009 (lea su documento de investigación aquí: bit.ly/1N8b5cM).

Pero los cuentos de terror sobre nuestra supuesta dependencia financiera con China simplemente siguen arrastrando los pies, propuestos por gente que ni siquiera comprende que hay otros puntos de vista, y ni hablar de que lo que dicen sea un disparate.

1998 en 2015

El economista David Beckworth publicó recientemente en su blog una buena discusión, aunque posiblemente recargada, sobre el coqueteo de China con la crisis (bit.ly/1L1VZ2l). Lo que me parece impactante es el grado en que China se las ha ingeniado para meterse en una situación similar a la que enfrentaron muchos de sus vecinos a finales de la década de 1990.

La moneda de China “quiere” depreciarse, en parte por una economía en desaceleración y una relajación monetaria, y en parte por una crisis de confianza y fuga de capitales. Pero las autoridades chinas no están dispuestas a dejar que el renminbi caiga del todo, tal vez por temor a conflictos comerciales, pero quizás también porque las empresas estatales y del sector privado actualmente tienen mucha deuda en moneda externa.

Lo que sucedió en 1997 y 1998 fue que las depreciaciones de los países asiáticos se convirtieron en desastres de estados financieros porque las firmas nacionales estaban altamente apalancadas y tenían mucha deuda en dólares. Esta deuda creció como porcentaje del producto interno bruto, no debido a nuevo endeudamiento masivo, sino porque el denominador cayó conforme las monedas se hundieron. Otros y yo escribimos al respecto en ese entonces (bit.ly/1EAe8rv). Puede ver, por cierto, por qué me molestan las afirmaciones de que los economistas no pusieron atención a la deuda sino hasta la crisis de 2008, pero también por qué estoy molesto conmigo mismo por no haberme dado cuenta que una crisis inmobiliaria en Estados Unidos podía producir estrés en los estados financieros de la misma forma en que los colapsos monetarios lo hicieron en Asia en 1998.

De cualquier forma, es hora de desempolvar el extenso análisis que se hizo en ese entonces. Obviamente, hay algunas diferencias importantes entre China en 2015 e Indonesia en 1998, incluyendo las enormes reservas internacionales de China y lo que parece un desbordamiento de deuda interna mucho más grande, mucho más problemático. Pero efectivamente tenemos mucho material para basarnos; no hay necesidad de reinventar nada desde cero.

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