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La industria automotríz estadounidense es mucho más que la suma de sus partes

Brian Palmer, colaborador de Slate, presentó un buen sumario de los motivos detrás de la concentración de las compañías automotrices en Michigan; básicamente, un accidente histórico perpetuado por la economía de la aglomeración.

"Primero, resulta ser que innovadores como Henry Ford y Ransom Olds vivían en Michigan", escribió el Sr. Palmer en un artículo publicado en Internet el 29 de febrero. "En segundo lugar, los ejecutivos automotrices del Detroit de principios del siglo XX se comportaban de forma muy similar a los ejecutivos actuales de Silicon Valley: regularmente cambiaban de compañía y lanzaban empresas secundarias y compañías nuevas. 

"Esta cultura de polinización cruzada diseminó la manufactura innovadora e ideas de diseño entre las manufactureras de Detroit", indicó. 
Lo que no dice es que hay una estrecha relación entre esas historias y el caso a favor del rescate automotriz. 
 
Las economías de la aglomeración existen porque el todo es más que la suma de las partes – porque la red de proveedores, las habilidades, el intercambio de conocimiento apoyado por una concentración geográfica de la industria, confieren a las firmas una ventaja sobre las compañías de otras partes. Con los años he escrito un poco sobre este tipo de cosas. 
Ahora bien, la existencia de una importante economía de aglomeración inmediatamente implica que hay consecuencias sociales por el éxito o fracaso de una firma que no figuran en los balances de pérdidas y ganancias de esa misma firma. 
Si dejamos quebrar a General Motors, el colapso resultante de sus proveedores también afectará a otras firmas, posiblemente sacándolas del negocio. 
No es recomendable usar desmedidamente este tipo de argumento; muy fácilmente puede usarse para justificar cualquier intervención en la industria, o en todas. 
Pero seguramente fue una consideración importante para el rescate automotriz – y el motivo por el que la oposición de línea dura para cualquier acción similar fue una mala idea económica. 
 
¿Igualdad de oportunidades? Olvídese 
David Firestone, comentarista de The New York Times, recientemente atrapó a Mitt Romney negando cualquier responsabilidad pública por ayudar a que los estadounidenses menos afortunados reciban educación. 
En una nota publicada en Internet el 5 de marzo, el Sr. Firestone citó al Sr. Romney en una reunión en un ayuntamiento de Ohio, donde dio unos consejos a un estudiante de preparatoria al que le preocupaba el creciente costo de la educación superior: "'Sería popular que me parara aquí y les dijera que voy a dar dinero del gobierno para pagar su universidad, pero no lo voy a prometer', dijo (Romney) en medio de un sostenido aplauso de la multitud en una fábrica de alta tecnología de ensamble de metales. 
 
'No vaya solamente a la que es más cara. Vaya a una que valga un poco menos, donde pueda recibir buena educación. Y con suerte la tendrá. Y no espere que el gobierno le perdone la deuda que contrate'", advirtió. 
Apenas hace poco el Sr. Romney nos decía que él, y no el Presidente Obama, era el verdadero heredero de Teddy Roosevelt porque favorecía la igualdad de oportunidades, no la igualdad de resultados. Su afirmación respecto al Sr. Obama, por supuesto, fue completamente falsa; y también lo que dijo sobre él mismo. 
 
Sólo un recordatorio sobre lo desigual que es el acceso a la educación superior: los estudiantes de bajos ingresos con altas calificaciones tienen menos probabilidades de terminar la universidad que los estudiantes de alto ingreso pero malas notas, según datos del Instituto de Política Económica. 
Y el Sr. Romney propone hacerlo aún más desigual. 
Pero, vamos, él mismo se superó por la vía difícil, terminando la universidad sin ningún ingreso, con excepción de vender las acciones que su papá le dejó.