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Gerentes de los fondos de inversión de EE.UU. pueden comprar cualquier cosa, excepto respeto

Alec MacGillis, editor sénior de The New Republic, publica un artículo fantástico en la última edición sobre cómo el amor de los gerentes de los fondos de inversión por el Presidente Obama se ha convertido en un odio ciego y feroz.

Su principal argumento es que sienten que les han faltado al respeto: "No fue cualquiera quien los criticó – fue el presidente de Estados Unidos, señala Eugene Fama, un legendario profesor de Finanzas de la Universidad de Chicago … 'Muchos (gerentes de fondos de inversiones) empezaron siendo pobres, e hicieron una enorme cantidad de dinero, y de paso crearon miles y miles de empleos.
 
Están acostumbrados a ser el Sueño Americano, y ahora tenemos a un presidente que los mira con desprecio como si fueran los malos. Pese a todas las bravatas y desparpajo que acontecen en su mundo, pareciera que los gerentes están extrañamente inseguros respecto a su propósito".
Continuó: "Durante años, 'la mayoría de la gente del sector de servicios financieros fue vista con enorme y descomunal respeto y adulación', dice Daley (Bill Daley, ex jefe de Estado Mayor del Sr. Obama) … Barney Frank, ex Presidente del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, fue más mordaz: 'No sólo quieren que representemos sus intereses, quieren que les digamos que lo que hacen es muy bueno. Quieren ser honrados por lo que hacen por la sociedad. Y Obama ha herido sus sentimientos.
 
Elevar sus impuestos no sólo es un golpe para sus ingresos. Es un golpe para su ingreso psíquico, una falla para reconocer el enorme bien que hacen por el mundo'".
Esto me parece completamente correcto. Cuando ganas mil millones de dólares por año, puedes comprar lo que quieras – lo que significa que los bienes y servicios casi no generan utilidad marginal. Lo que anhelas, entonces, es lo que el dinero no puede comprar: respeto.
De hecho, lo he visto en acción en reuniones donde se mezclan profesores y los grandes magnates financieros. Podría pensarse que la gente millonaria es segura; al contrario, son inseguros, porque quieren que se respete su intelecto.
Y me consta que a algunos de los primeros partidarios millonarios de Obama en parte los motivaba el atractivo de estar en el círculo interno de una forma que no podía ofrecer Hillary Clinton, con su largo historial y conexiones.
 
Y ahora el Sr. Obama dice lo que diría cualquiera que este poniendo atención: que esta gente con mucho dinero se lo ganaba, en cierto grado, en formas socialmente destructivas – y así que se vuelven locos, precisamente porque en sus adentros saben que tiene razón.
Y dado que en la política el dinero habla, esta mezquindad, esta muestra de ego y vanidad lastimada, podría tener desastrosas consecuencias.