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El republicano Mitt Romney no es exactamente un capo de la industria

Pareciera que la campaña de Obama ha decidido ignorar la incomodidad de los demócratas que tienen vínculos con Wall Street y ha optado por atacar el historial de Mitt Romney en Bain Capital. ¡Y con justa razón!

Después de todo, ¿cuál es el caso a favor del Sr. Romney? _ esto es, ¿por qué quiere que pensemos que debe ser presidente? No tiene que ver con la ideología: el Sr. Romney no ofrece nada más que banalidades recalentadas de ala derecha con ayuda adicional de aritmética fraudulenta y es bastante obvio que ni siquiera él mismo se cree lo que dice.

En cambio, lo suyo es la competencia: supuestamente, su historial como empresario exitoso debería decirnos que sabe cómo crear empleos. Y esto, a su vez, significa que tenemos todo el derecho a preguntar exactamente qué tipo de empresario fue.
Ahora, la verdad es que incluso bajo las mejores circunstancias, el caso a favor de elegir a un empresario como presidente sería muy débil. Un país no es una compañía _ ¿hay alguna compañía que venda a sus propios trabajadores más de 80 por ciento de lo que produce, como Estados Unidos? _, y el éxito competitivo en los negocios no conlleva ninguna relación particular con los principios de la política macroeconómica. Entonces, aun si el Sr. Romney fuera un verdadero capo de la industria, un Andrew Carnegie de los últimos días, no sería una habilidad fuerte.

En cualquiera de los casos, empero, el Sr. Romney no fue ese tipo de empresario. No formó negocios: los compraba y los vendía _ a veces reestructurándolos en formas que sumaban puestos de trabajo y a menudo en formas que preservaban las ganancias pero destruían empleos, y muy a menudo en formas que extraían dinero para Bain pero que mataban a las empresas en el proceso.
Y en un artículo publicado en primera plana en junio, The Washington Post incorporó otra información: Bain invertía en compañías que se especializaban en ayudar a que otras compañías se sacudieran empleados, ya sea en Estados Unidos o en el exterior, terciando trabajo a proveedores del exterior y enviando trabajo a otros países.

El campamento de Romney se enfureció, y acusó al Post de confundir tercerización con envío al extranjero, pero es una defensa bastante patética. Por un lado, en el artículo realmente no hubo ni un error. Por otra parte, simplemente no es cierto que la tercerización nacional sea completamente inocua, como le gustaría hacernos creer la gente de Romney. Al contrario, a menudo es una forma de reemplazar empleados bien pagados que reciben beneficios médicos y jubilaciones decentes con empleados de bajo salario y pocos beneficios de firmas subcontratistas. Esto es, sigue tratándose de redistribución de estadounidenses de clase media a una pequeña minoría de hasta arriba.
Discutiblemente, negocios son negocios _ pero no es el tipo de negocios que hagan desear especialmente al Sr. Romney como presidente.
O para ponerlo de otra forma: más que capo de la industria, el Sr. Romney fue un capo de la desindustrialización que generó grandes ganancias para su firma (y para él mismo) y que ayudó a desmantelar el contrato social implícito que solía hacer a Estados Unidos una sociedad de clase media.

Así que ahora el Sr. Romney propone llevar a la Casa Blanca las técnicas y habilidades que usó en los negocios.
Por algún motivo, no me entusiasma la idea.