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Un enigma llamado recesión

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Pascal Rohner - prohner@inoncapital.com

Las recesiones económicas siempre causan pánico por las consecuencias que acarrea un evento de tal magnitud. Es por ello que descifrar el enigma de cuándo llegará la recesión es como la piedra filosofal de los economistas. Su grado de dificultad es muy alto y la mayoría pronostican una recesión solo cuando ya ha empezado.

Los datos económicos son las pistas que se utilizan para intentar resolver este acertijo -en gran parte de las ocasiones- y estos se dividen en datos suaves y fuertes. Los primeros se refieren a encuestas, indicadores de sentimiento o creencias sobre la dirección de la economía mientras que los segundos son datos que provienen de entidades estatales y concretamente muestran mejoramiento en la economía, como datos del mercado laboral, consumo o aquellos que afectan el crecimiento económico.

Hasta hace unas semanas estos dos tipos de datos a nivel global vienen mostrando debilidad. Llama la atención el caso de Alemania donde en la primera mitad de 2019 la producción de vehículos cayó 12% frente al mismo periodo de 2018, en línea con la recesión que enfrenta su sector manufacturero.

Pero EE.UU. se mostraba resiliente, esta divergencia se reflejó en la fortaleza del dólar medida a través del índice DXY que muestra el comportamiento del dólar estadounidense frente a las monedas de sus principales socios comerciales. Este índice alcanzó su mayor nivel desde mayo de 2017. El problema es que esta semana los datos suaves en EE.UU. generaron pequeños sismos en los mercados financieros con aumento en el precio de los bonos (disminución de las tasas de interés debido a su relación inversa) y caídas en los mercados de acciones pues están señalando que la desaceleración económica global y la guerra comercial estarían tocando tierras estadounidenses.

Concretamente los indicadores que llamaron la atención en EE.UU. fueron, en primer lugar, las encuestas conocidas como PMI o Encuesta de Gestores de Compras tanto del sector manufacturero como del sector de servicios. Estas encuestas las realiza el Institute of Supply Management (ISM) mensualmente a las grandes multinacionales. Las preguntas se enfocan en la evolución de cinco factores: nuevos pedidos, producción, empleos, entregas a proveedores y el nivel de inventarios. Lecturas por encima de 50 señalan expansión y, por el contrario, por debajo de 50 indican contracción en el sector.

En el caso del sector manufacturero -el cual representa cerca de 20% del Producto Interno Bruto (PIB) de EE.UU.- el índice fue de 47,8 frente a 50,4 esperado por el consenso de analistas. El nivel más bajo desde 2009 y su segundo mes consecutivo de contracción. Las tensiones comerciales son la principal razón que ha afectado la confianza de los empresarios según indican las encuestas pues dónde se ven mayores contracciones son en nuevos pedidos, producción y empleos.

No obstante, el sector de servicios que representa un importante 80% del PIB era la esperanza, pero también decepcionó. El índice cayó a 52,6 contra 55 esperado, su menor nivel en tres años. Es importante recordar que en 2016 se atravesaba la crisis de oferta de petróleo. Aunque un nivel de 52,6 no señala contracción, sí muestra que se podría estar viviendo un contagio a otros sectores de la economía que en algún momento podrían afectar el consumo que ha sido el gran impulsor del crecimiento estadounidense.

En segundo lugar, los datos del mercado laboral dieron algo de respiro pues las expectativas eran muy bajas al ver tantas decepciones durante la semana. En septiembre se crearon 136.000 nuevos puestos de trabajo frente a 140.000 esperados. Levemente por debajo de las expectativas. La tasa de desempleo fue de 3,5%, su nivel más bajo en 50 años, algo bastante positivo pero el problema es que este es un dato extremadamente rezagado, esto quiere decir que solo cambia cuando la economía en general ya lo ha hecho. Por último, los salarios aumentaron 2,9%, su menor nivel desde julio de 2018, algo extraño para un mercado laboral estrecho.

En consecuencia, ha vuelto la esperanza del rescate por parte de la Reserva Federal (Fed). En pocas palabras, la debilidad económica se traducirá en menores tasas de interés. Algo que ya comienza a descontar el mercado de futuros. Las probabilidades de otro recorte de 25 puntos básicos en la próxima reunión de la Fed en octubre ya supera 85%. Pero como se ha explicado en anteriores columnas, la política monetaria tiene límites y algunos inversionistas cuestionan si estas políticas expansivas serán suficientes para contrarrestar el mal momento que se avecina.

Históricamente la Fed ha disminuido aproximadamente en 500 puntos básicos su tasa para contrarrestar una recesión. Hoy en día, el espacio es de apenas 175 puntos básicos para llegar a cero, quedándose corta para generar estímulo. Sin embargo, en una entrevista realizada esta semana al expresidente de la Fed, Ben Bernanke, quien lideró la máxima autoridad monetaria de EE.UU. durante la crisis financiera de 2008 indicó que si la Fed usa sus políticas no convencionales de forma “sabia” equivaldría a un recorte adicional de 3%. De todas formas, en un entorno de tasas de interés ultra bajas e incluso negativas, se ha observado que el estímulo económico es gasolina para los mercados financieros y muy poco para la economía real. Es necesario el estímulo fiscal para complementar los esfuerzos monetarios.

Aún faltan muchas piezas del rompecabezas y ante altos niveles de incertidumbre, la constante será alta volatilidad en los mercados. Se recomienda a los inversionistas no asumir riesgos excesivos y estar enfocados en la preservación de capital agregando protección a los portafolios mientras el panorama es un poco más previsible. La próxima semana se reanudarán las negociaciones comerciales entre EE.UU. y China, un evento importante que junto a los datos suaves y fuertes de las principales economías serán más pistas para enfrentar el enigma llamado recesión.

Con colaboración de Diego Fernando Agudelo López

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