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Macron alcanza el Elíseo

Con solo 39 años y sin más experiencia que dos años como ministro del gobierno de François Hollande, al frente de un movimiento fundado hace solo un año, Emmanuel Macron se estrena como el próximo presidente de Francia. El nuevo presidente presenta al primer ministro el mismo día de la toma de posesión y más adelante un gobierno provisional, mientras la Asamblea Nacional no está en sesiones. A la espera de las legislativas del 11 y el 18 de junio, este gabinete interino preparará los proyectos de ley que luego podrán ser aprobados por el nuevo Parlamento y promulgar una serie de ordenanzas y órdenes ejecutivas que no requieren la aprobación de la cámara.

El programa de Emmanuel Macron combina reformas estructurales con cierta consolidación fiscal. Quiere implementar una mayor desregulación del mercado laboral. Estas reformas, según sus palabras, deberían reducir la tasa de desempleo a 7%. Igualmente propone una consolidación fiscal de 10.000 millones de euros, un déficit público de 1% para 2022 y reducir la carga fiscal a hogares y empresas en 10.000 millones de euros a cada uno, unos recortes parcialmente compensados por la introducción de un impuesto medioambiental. También ha hecho campaña por la simplificación del régimen de pensiones sin modificar la edad de jubilación. Por último, propone elevar el gasto en defensa a 2% del PIB e incrementar la inversión pública en 50.000 millones de euros. Los mayores costes deberían financiarse con ahorros públicos, con la reducción de 120.000 empleados públicos y del gasto en prestaciones sociales.

Tradicionalmente los franceses han elegido una mayoría en la Asamblea Nacional del mismo color político que el recién elegido presidente. Sin embargo, ahora existe el riesgo de una Asamblea Nacional fragmentada por diferentes razones. El partido de Macron, En Marche!, tiene solo un año de edad y no ha acudido antes a unas elecciones legislativas. Es probable que algunos diputados actuales, sean del Partido Socialista o de centro-derecha, se unan a la formación, lo que aumentaría las probabilidades de una victoria. 

Si el partido del nuevo presidente no consigue una mayoría se prevén varios escenarios. Así, en caso de falta de mayoría, el presidente Macron podría establecer un gobierno en minoría con apoyos del centro-izquierda o del centro-derecha, o alternativamente tratar de establecer un gobierno de coalición. Si hubiese una mayoría (probablemente de los Republicanos), Macron se encontraría en una cohabitación; un supuesto en el que tradicionalmente el presidente nombra a un primer ministro del partido mayoritario y acepta un papel menor en la conducción de la agenda política. Queda por tanto aún camino por recorrer y será en los comicios legislativos de junio cuando se concrete de forma definitiva el mapa político francés y las opciones reales para el nuevo presidente de sacar adelante su programa electoral.

De todas maneras, la eliminación del riesgo electoral francés reduce la prima de riesgo político en los activos de la zona euro, rebajando los diferenciales de deuda, impulsando la cotización de un euro frenado por esta incertidumbre tras el cambio de tono en las posibles acciones del Banco Central Europeo y la Reserva Federal, y unas bolsas que se deberían beneficiar de unos mayores flujos inversionistas apoyados en valoraciones relativas más razonables y un buen entorno económico.