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El regreso de la volatilidad

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La renta variable es una clase de activo volátil. Es bastante común de tener fluctuaciones de 15% a 20% sin estar ante una mayor crisis financiera. Sin embargo, se puede argumentar que, en los últimos años, la volatilidad fue más baja de lo común a causa el gran estímulo monetario con tasas de intereses muy bajas en el mundo desarrollado. Inversionistas tenían acceso a créditos con tasas muy favorables y era relativamente fácil de invertir en acciones en fases de correcciones. Por lo tanto, las correcciones de 2011 (crisis de deuda soberana en Europa) y 2015/2016 (turbulencias en China y caída de las materias primas), ambas de más de 20% en el índice global de renta variable, fueron seguidas por recuperaciones fuertes en los años consecutivos.

En 2018, tuvimos una corrección bastante similar con caídas ligeramente por encima de 20% entre finales de enero y Navidad, esta vez ocasionadas principalmente por las guerras comerciales y su impacto sobre el crecimiento económico y el efecto negativo en la confianza de los empresarios, consumidores e inversionistas. Obviamente, los inversionistas se preguntan si esto representa otra corrección en el mercado alcista que empezó en marzo 2009 o si más bien estamos entrando a una crisis más fuerte, lo cual significaría el final del mercado alcista. Desgraciadamente, la respuesta no es tan sencilla. Nunca la es. Tampoco lo era en 2011 y 2015/16 cuando había riesgos económicos y una desaceleración en el crecimiento económico, parecido a la situación de hoy.

Una diferencia importante es obviamente la política monetaria. En las previas correcciones, la tasa de interés en dólares estaba cerca de 0%, situándose en estos momentos entre 2,25% y 2,50%. Claramente, la Reserva Federal está cambiando el discurso y actualmente parece muy poco probable que haya más subidas de tasas en 2019, lo que ha apoyado al mercado en las últimas semanas. La tasa de interés sigue relativamente baja en el contexto histórico a muy largo plazo. Sin embargo, la renta fija ha ganado algo de atractivo en comparación con años anteriores. Adicionalmente, el costo de crédito para apalancarse ha aumentado ligeramente. Esto probablemente signifique que la recuperación sea más lenta y es previsible que haya más contratiempos temporales en 2019. Los catalizadores principales siguen siendo eventos políticos como la dirección en las negociaciones comerciales entre EE.UU. y China y el Brexit.

La buena noticia es que después de las caídas en el último trimestre de 2018, los mercados ya están anticipando escenarios bastante negativos. Esto se refleja muy bien en la valoración de los diferentes índices de renta variable. La manera más sencilla de valorizar acciones o índices de acciones es dividir el precio de las acciones por los beneficios netos, conocido como la relación precio/beneficio. Esto nos da una idea de cuantas veces tenemos que pagar la utilidad anual en comprar una acción, o un índice de acciones. En Estados Unidos, por ejemplo, este múltiplo se situaba por encima de 18 a finales de 2017, cuando había mucho optimismo entre los inversionistas. A finales del 2018, este múltiplo cayó a 14, el nivel más bajo desde 2013 y en línea con el promedio de los últimos 10 años.

Es importante recordar que lo que mueve las bolsas no es el crecimiento económico o el crecimiento del sector corporativo, sino más bien los cambios en las expectativas, i.e. las sorpresas. Cuando las expectativas son bajas, es más fácil tener una sorpresa positiva. Y esto es justo lo que hemos visto a principios de 2019. Las bolsas empezaron a rebotar porque hay ciertos alivios o esperanzas de que algunas preocupaciones se diluyan. En otras palabras, aunque haya una desaceleración económica en muchos países, no es incompatible con rendimientos positivos en la renta variable este año. Sin embargo, tampoco vemos una tendencia muy positiva. Más bien esperamos un año con rendimientos ligeramente positivos, acompañado con mucha volatilidad. Es importante recordar que, a pesar de la corrección de 2018, el retorno anual en los últimos cinco años fue de 6,6% y en los últimos 15 años de 6.7%, incluyendo la corrección de casi 60% entre octubre 2007 y marzo 2009. Por lo tanto, es bastante razonable de asumir que, en el futuro, el mercado global de acciones nos puede dar un rendimiento anual entre 5% y 8% a largo plazo, en dólares estadounidenses.

Los inversionistas deberían preguntarse si este retorno es suficientemente atractivo para ellos tomando en cuenta la volatilidad fuerte que van a tener que digerir. Tal vez, aquellos que no podían dormir bien en los últimos tres meses de 2018 deberían revisar su perfil de inversión e invertir menos en la renta variable. Para los que se sienten cómodos, nuestra recomendación es enfocarse en acciones de buena calidad de EE.UU., con dividendos atractivos, poco endeudamiento y con modelos de negocios relativamente estables que no dependen tanto del entorno económico. Además, apostamos a una recuperación de algunos activos con valor que nos parecen demasiado castigados, como las acciones de mercados emergentes (p.ej. China, Brasil) y Japón.

Con colaboración de Diego Agudelo López.

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