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Generación Z: una nueva visión del mundo

Una nueva forma de entender el mundo se abre paso en el ámbito laboral, social/ciudadano y de consumo… Se trata de la ‘Generación Z’, el primer grupo de personas nativas digitales por completo y que comienza a marcar un futuro diferente. Empresas, marcas, políticos, instituciones afrontan el reto de conocer la visión de los que son y serán sus nuevos clientes, consumidores, empleados y votantes en todo el mundo. 

Una primera aproximación fija que los rasgos de los jóvenes Z son seres digitales, emprendedores, comprometidos, marquistas e inconformistas. En el aspecto social 64% juzga que la prioridad es invertir en educación y pide una enseñanza más digital y adecuada al mercado. Tras la educación, I+D y sanidad son prioridad. En el ámbito laboral son inquietos y diferentes: al elegir empresa, la notoriedad de la compañía es lo menos valorado. Como consumidores buscan diálogo rápido: la inmediatez en la respuesta es cualidad básica que deben tener sus marcas. 

Son conclusiones del estudio Generación Z: el dilema, elaborado en España por la consultora que presido, Atrevia, y Deusto Business School, pero del que dentro de unos meses habrá versión en Colombia, analizando las tendencias de los Z colombianos en los ámbitos enfocados en España: como ciudadanos, consumidores y empleados. Políticamente, los Z dejan traslucir el desgaste en la credibilidad del sistema y sitúan a la clase política ante el reto de conectar con una generación que muestra “desafección política”. 

Los jóvenes de 14-23 años están en un dilema. Internet les ha acompañado toda su vida, pero el mundo no es aún digital 100%. Tienen que elegir entre renunciar a parte de su identidad para adaptarse a una realidad hecha por y para sus padres o ser ellos aun a riesgo de quedar en la periferia del sistema. Son una generación que no teme el cambio, que vive la incertidumbre como indicador de vitalidad. Son partidarios de la inmediatez como las redes sociales que frecuentan. Son inclusivos: abrazan una economía colaborativa. Y asumen la incertidumbre: son la primera generación que vive el cambio como algo inherente. 

Y tienen un criterio diferente sobre lo que es empresa ideal. Dan primacía al comportamiento ético de la compañía y a su capacidad de innovar y priman el buen ambiente laboral, la conciliación y el desarrollo de su carrera sobre estabilidad y salario, lo que exigirá cambios a las compañías. Su aspiración no es ser jefes, sino adquirir conocimientos y experiencias. Prefieren emprender y trabajar en libertad. Independencia y hacer cosas diferentes son sus motivos para estar por cuenta propia y poner en marcha ideas propias, su acicate para crear una empresa. 

Como consumidores son fieles a las marcas, pero rompen las pautas tradicionales: su fidelidad tiene otros vectores. Las marcas que más triunfan entre ellos son las que han sabido adaptarse a sus demandas. No les importa tanto la calidad como el que ofrezcan un producto a su gusto a precio asequible y asumen que su uso no será prolongado. Y exigen capacidad de respuesta inmediata y empresas con reputación y respetuosas con el entorno. Sus hábitos son diferentes: 92% usa internet para conocer los productos. Seducirlos con artículos pensados para ellos, con branding personalizado, es el reto. Son incrédulos, contrastan los inputs de las marcas, comparten opiniones… Empresas, marcas y políticos deberán adaptarse a un cambio que ya está dando al traste con lo existente si quieren conectar con estos nuevos ciudadanos.