Ahora que en el Congreso se tramita el proyecto para la nueva de ley de turismo, el cual incluye restricciones al uso de productos envasados en plástico, se debería buscar que, más allá de la prohibición, se incluyera la capacitación y educación de los ciudadanos para su buen uso y reciclaje y reforzar los esfuerzos innovadores para la sustitución de los empaques. Educar sobre la importancia del desarrollo sostenible y tener mayor conciencia sobre cómo las conexiones hidrográficas inciden en la contaminación desde el mundo urbano.

También se tramitan en el Congreso al menos tres iniciativas para desestimular el uso del plástico de un solo uso y fomentar el consumo de artículos biodegradables en todo el territorio nacional, en particular en zonas de reserva natural como páramos, ríos y bosques: es prioritario que las acciones estén articuladas porque los plásticos llegan de muchas maneras.

Posiblemente lo más determinante, más allá de la prohibición, sea impulsar una cultura ciudadana e incluir el medio ambiente y la sostenibilidad como materias obligatorias en la educación básica, con una estrategia que estimule el reciclaje y los análisis para determinar las fuentes y el punto de inicio del problema. El desarrollo armónico de la industria del plástico, esencial en todos los sectores, debe buscar opciones distintas e incentivar la innovación, con buenas prácticas y acatando recomendaciones de los organismos internacionales.

El Programa para el Medio Ambiente de la ONU, por ejemplo, recomienda compromisos concretos para 2025, como eliminar artículos y empaques de plástico innecesarios; pasar de modelos de un solo uso a opciones reciclables; involucrar a toda la cadena de valor para que 100% de los empaques plásticos se pueda reutilizar, reciclar o compostar; comprometerse a colaborar e invertir para aumentar la tasa de reciclaje y reportar pública y anualmente el progreso logrado. Al menos 60 países ya tienen políticas en ese sentido en sus legislaciones.

El sector del turismo debe estar atento al trámite de la nueva ley, la cual cuenta con muchas herramientas para su desarrollo y ha contado con el esfuerzo y buena voluntad del gobierno para lograr su perfeccionamiento, pero debe generarse una ley armónica, integral y consensuada con quienes la manejan, tanto para impedir que se distorsione como para mejorarla.

Considerar, incluso, que se destine parte de la recaudación turística para incentivar la investigación y promoción de proyectos orientados a políticas de responsabilidad social en el manejo del plástico de un solo uso, todo dentro del espíritu de una ley armónica y una cancha de juego equilibrada, como lo propone el proyecto del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.

Se debe regular, promover incentivos para el desarrollo de nuevas alternativas, conocer de dónde y cómo llegan los plásticos para adoptar medidas preventivas desde el origen, capacitar en el manejo de reciclaje y garantizar que sean políticas de largo plazo.

Existen múltiples ejemplos en el mundo sobre restricciones al plástico de un solo uso y también una creciente conciencia colectiva. Los esfuerzos en San Andrés y Cartagena ya comienzan a dar algunos resultados, pero los problemas en la isla son más agudos dada su fragilidad ambiental y crecimiento desordenado. Cuidemos nuestros tesoros y el deber de todos es comenzar por casa.