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MFMP y el Tea Party

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No hay duda. La sigla del Marco Fiscal de Mediano Plazo es fea. Impronunciable. Pero el documento que publicó en días pasados el gobierno es un ejercicio útil que obliga al Estado a pensar en sus finanzas a mediano plazo, a evaluar la coherencia de sus egresos con la de sus ingresos, e incorporar a sus proyecciones las contingencias y esperanzas amarradas a los lineamientos de las cada vez más complejas reglas fiscales. 

 
Total, me leí el mamotreto de 323 páginas. Detrás del empacho de cifras, tablas, cuadros y supuestos, quedan platos llenos para alimentar discusiones de fondo. No es solo un ejercicio contable. Son, entre otras cosas, las cifras de una de las decisiones más importantes en una democracia: cuánto le pedimos a nuestros ciudadanos contribuir, en cuánto vamos a dejar endeudados a nuestros hijos, en qué vamos a gastar esos recursos. En medio de tantos platos escogí uno para efectos de abrir el debate: la senda de deuda, ingresos y gastos gubernamentales en el mediano plazo.
 
La Ley de Regla Fiscal le ató las manos al gobierno en términos de los niveles de déficit a mediano plazo. En particular, dentro de una década el gobierno deberá tener el déficit (estructural) en no más de 1% del PIB. Esa restricción legal, en el papel, es inescapable. Pero a partir de ahí, se desprenden en el MFMP lo que llamaría excesos de sanidad fiscal. Una cosa (saludable) es tener la casa limpia y otra (no tan saludable) es echar cada día gel antibacterial de arriba a abajo. 
 
De acuerdo al MFMP la deuda del gobierno pasará de niveles de 25% que tiene hoy en día a menos de 6% en 2024 como proporción del tamaño de la economía. Los estimativos sugieren que el tamaño del gobierno también se reducirá sustancialmente. Por el lado de los ingresos fiscales en ese periodo estos pasarán de 16.8% a 15.9% como porcentaje del PIB. Y los gastos que ahora pesan 19.1% pasaría a 16.7% como porcentaje de la economía. ¿Aplausos? No necesariamente.
 
Ningún economista serio discutiría que unas finanzas saludables en el largo plazo son una condición necesaria para el buen desempeño del país. Pero finanzas saludables y tamaño del Estado son dos discusiones diferentes. Por ejemplo, en Dinamarca el gasto público representa el 50% de la economía a pesar de lo cual su deuda pública es de un dígito como proporción del PIB. Finanzas saludables y amplia provisión de bienes públicos no son incompatibles. Mi interpretación del MFMP presentado es que apunta a finanzas saludables y pocos bienes públicos. Aplausos para los primero; debate a lo segundo. 
 
Como sociedad, ¿en serio queremos menos Estado en Colombia? ¿No queríamos más y mejores carreteras? ¿No querían los estudiantes más recursos para la educación? ¿No queríamos un plan de atención a la primera infancia de primer nivel? ¿No queríamos una protección decente para los ancianos? Y la justicia ¿la queremos como está? Y ¿no queremos que nuestros hijos puedan algún día pescar en ríos como el Bogotá? 
 
El tamaño del Estado y de las deudas financieras o de bienes públicos que les dejaremos a nuestros hijos debe ser materia de debate público amplio. Si queremos más bienes públicos necesitamos un Estado más grande y por tanto que recaude más; debemos estar dispuestos a pagar más por esos bienes. Si como sociedad decidimos que queremos un Estado pequeño, que haga menos de lo que hace ahora, que tenemos ADN libertario, entonces el MFMP va en la dirección correcta.  
 
Pero lo que no puede pasar es que la asepsia fiscal, los beneficios de tener las cuentas ordenadas, se confunda con cuánto Estado queremos y cuántos bienes públicos estamos dispuestos a pagar. Por lo pronto, el Tea Party debe andar de pie aplaudiendo el MFMP. A mí me basta con ver el estado de las calles de mi barrio para abstenerme de unirme a los vítores.
 
twitter: @mahofste
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