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Más que un simple achís

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En la campaña presidencial pasada los rivales del entonces candidato Santos perdían todos los debates que giraban alrededor del desempeño económico durante su gobierno. Un crecimiento económico robusto, una caída persistente en la pobreza, una mejora en la distribución del ingreso, una caída que no para en la tasa de desempleo, enormes incrementos en el recaudo, un gran salto en la calificación crediticia del país, inflación bajo control, mejora en los indicadores de formalidad hacía parte del arsenal que Santos esgrimía y con el que sus rivales se atragantaban. 

Sin duda un pedazo de las buenas noticias tiene origen en decisiones gubernamentales. Pero, también sin duda, una parte relevante de las vacas gordas fue consecuencia de un golpe de suerte que parece haber llegado a su fin. Y sin esa suerte empiezan a aparecer por primera vez en varios años señales de alarma en los datos económicos recientes. 

Un factor de suerte que se está acabando son los términos de intercambio-el precio de lo que exportamos respecto al de lo que importamos. Entre junio de 2004 y junio 2014 estos subieron 50%. Pero ahora, luego de una racha de  una década subiendo han empezado a deteriorarse. Por ejemplo, el precio del petróleo ha caído cerca de 25% desde que votamos en segunda vuelta presidencial. A la par con el fin de la bonanza de nuestros términos de intercambio también se asoma el fin de la abundante liquidez mundial; cada vez es más claro que el relajamiento monetario de Estados Unidos está llegando a su fin y que las bajas tasas de interés de las que hemos gozado también se revertirán. 

Y en los indicadores internos también empieza a haber sombras. En los dos últimos meses nuestra moneda se ha depreciado 10% frente al dólar y también ha caído frente a las principales monedas de la región. La tasa de interés de los TES a un año ha subido casi 1% en menos de 6 meses e incluso la de TES a 10 años se han trepado 70 puntos básicos. Esta última está estrechamente relacionada con las tasas hipotecarias así que se vislumbran créditos más caros con ese destino. La bolsa ha perdido la décima parte de su valor en las últimas semanas. Y el gobierno busca llenar un hueco fiscal cuyo tamaño crece con el desplome petrolero. De hecho, el marco fiscal de mediano plazo preveía que el petróleo-vital para las finanzas públicas-estaría en 2015 a US$98 el barril; la semana pasada rondó los 80; con estos datos es muy probable que la reforma tributaria propuesta no sea suficiente.

Es posible que a la vuelta de unos meses miremos estos números con una sonrisa constatando que se trató de una volatilidad pasajera, un simple estornudo. Pero lo más probable es que miremos estos días como el inicio de tiempos menos boyantes, de difíciles encrucijadas presupuestales, de vacas flacas. 

Adenda: vergonzosa la actitud de algunos empresarios y banqueros colombianos en el conflicto con Panamá. Colombia lleva dos años intentando infructuosamente que Panamá comparta información sobre las transacciones de nuestros nacionales allí. Esta es una petición totalmente razonable. Cerrar filas con el gobierno le da dientes a la petición y hace más probable que Panamá acceda a firmar ese acuerdo. En cambio presionar a nuestro gobierno para que retire la solicitud no solo debilita nuestra posición, sino que deja la impresión de que el intercambio de información los afectaría-cosa que sólo es cierta si son evasores. ¿Lo son? 

Twitter: @mahofste

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