Analistas

Inflación vs. Desempleo: 9 – 8

La inflación de los últimos doce meses llegó a 8,2%. Hay que devolverse tres lustros, hasta comienzos de 2001, para encontrar cifras de inflación colombianas que superen  8% anual. El dato implica que ahora el crecimiento de precios duplica al techo del objetivo trazado por el Banco Central. 

Seguramente para la mayoría de lectores el párrafo anterior es el resumen de una pésima noticia: la inflación en nuestras cabezas resuena en el habitáculo de eventos perniciosos que debemos evitar, cerca de la corrupción, la pobreza y la guerra. Por eso el Banco de la República lleva meses dando explicaciones sobre por qué llegamos a este punto y tratando de contener la tendencia. El Gobierno, consciente de la mala fama de la inflación, enfatiza los pronósticos que apuntan a que pronto cederá y celebra con euforia cualquier señal de flaqueza en el crecimiento de los precios. Y ambos, Gobierno y Banco, miran con temor las consecuencias del paro agrario y camionero sobre la inflación del próximo mes. 

Esas reacciones contrastan con las que vimos hace unos días cuando el Dane reportó que el desempleo nacional era de 9%. La cifra fue recibida con beneplácito: luego de tres meses divagando por encima de 10%, finalmente había vuelto al redil de un dígito. En el ADN colombiano del siglo XXI una inflación de 8% es una debacle; un desempleo de 9% merece ovaciones. Y si tuviéramos inflación en 3% y desempleo en 9% hablaríamos de números notables en ambos frentes. 

El Gobierno tiene razón en señalar que en términos históricos un desempleo de 9% es una buena cifra en Colombia. De hecho, no hemos visto tasas de desempleo por debajo de 8% en más de un cuarto de siglo. Pero en la mayor parte del mundo un desempleo de 9% u 8% sería considerado catastrófico. Por ejemplo, el promedio de desempleo de la Ocde, el club de países al que aspiramos pertenecer, apenas supera 6% a pesar de que buena parte de sus países están sumidos en la peor crisis en décadas. México y Chile, los dos países de la región que pertenecen al club, tienen indicadores mucho mejores en ese frente que nosotros. La tasa de desempleo del primero es la mitad de la nuestra mientras que la chilena apenas supera 6%. 

A pesar de la buena cara que le ponemos a nuestro desempleo de 9% y el ceño fruncido que recibe la inflación de 8%, lo cierto es que los efectos del desempleo sobre el bienestar de la población son mucho más serios que los de la inflación. Por ejemplo, los estudios que analizan las encuestas de satisfacción de vida encuentran que un punto de desempleo tiene el mismo efecto sobre la satisfacción  de la población que cuatro puntos de inflación. Dicho de otra manera un punto adicional de desempleo nos hace cuatro veces más infelices que uno de inflación. 

Sin lugar a dudas, si pudiéramos escoger entre tener el paradigma colombiano de 3% de inflación y 9% de desempleo o más bien invertir su orden, deberíamos escoger lo segundo. Está muy bien que le pidamos rendición de cuentas al Banco de la República por el fracaso en las cifras de inflación. Está bien que mes a mes auscultemos las entrañas del aumento de precios. Pero no debemos darnos por bien servidos con cifras de desempleo apenas por debajo de dos dígitos. Hay que recordarle con mayor frecuencia a los congresistas, el Banco y al Ejecutivo que la complacencia con ese número es inaceptable.