Analistas

Del pico y placa al cheque y placa

Los bogotanos llevamos unas cuantas semanas con un nuevo modelo de restricción a la circulación vehicular. Algunos celebran la reducción en los horarios de la restricción. Otros se lamentan por el aumento del 40% al 50% en los vehículos que tienen prohibición de circular. En medio de las evaluaciones de corto plazo, de los vítores de las compraventas de carros y los madrazos de los que terminaron con una combinación de placas desafortunada, vale la pena hacer un alto y mirar con cuidado los efectos de la restricción y una alternativa que se propone en esta columna.

Al impedir que el 50% de los vehículos circule la ciudad está dejando parqueados cerca de 500.000 automóviles. La evidencia anecdótica sugiere que muchos bogotanos han buscado y encontrado la forma de eludir la medida.

Por un lado, muchos hogares tienen más vehículos de los que tendrían si no hubiera pico y placa. Esto sugiere que esos hogares están dispuestos a invertir gruesas sumas de dinero para poder circular a toda hora. Las cifras son millonarias. Aún si un hogar compra un carro de segunda y pequeño, invierte sin problema $10 millones por circular sin restricción. A pesar de esa alta disponibilidad a pagar por no tener pico y placa, la ciudad recibe muy poco de esos recursos-solo recibe la porción equivalente a los pagos por impuestos de vehículos que, para automóviles de segunda, son irrisorios.

Otros han optado por tener una motocicleta que le deja aún menos recursos a la ciudad pues las de menos de 125 centímetros no pagan impuestos. De estas circulan en Bogotá cerca de 125.000. Invertir en una motocicleta para eludir el pico y placa también supone una disponibilidad a pagar para poder circular sin restricciones que puede ser millonaria.

Finalmente están las estrategias ilegales. La prensa en el pasado ha informado sobre un mercado de placas falsas y de calcomanías que se adhieren sobre el último dígito de la placa. Este mercado no es pequeño; en lo corrido del año se han impuesto cerca de 800 multas por esta infracción. Asumiendo una probabilidad de detección del delito alta, 5% por año, podría haber más de 30.000 vehículos cuyos dueños acudieron a estas maniobras para poder circular. Cuánto pagaron por hacerlo es difícil saberlo; la policía habla de un mercado negro en el cual las placas se consiguen en 250.000 pesos. A eso hay que sumarle los riesgos de detección y multas en las que incurren estos ciudadanos.

Así pues, un buen número de los bogotanos ha invertido a lo largo del tiempo millonarias cifras para eludir la restricción. Esa disponibilidad a pagar por circular no ha redundado en significativos mayores recursos para la ciudad y de hecho ha vuelto la medida de restricción cada vez menos efectiva.

Es hora de pensar cómo canalizar esa disponibilidad a pagar, en recursos que nutran las arcas de la ciudad. En lugar de prohibir la circulación de vehículos en horas pico, la ciudad puede cobrar por permitir la circulación en esos horarios. Se puede seguir con un esquema con restricción vehicular parcial pero con derecho a comprar un permiso de circulación sin restricción. Dados los millones de pesos que invierten los bogotanos en segundos carros, en motos y en trampas para poder circular, el permiso de circulación puede ser costoso.

La ciudad tendría una nueva fuente de recursos que junto con la sobretasa a la gasolina puede tener como destinación específica la malla vial de la ciudad. Ah, y a diferencia del impuesto vehicular, la tarifa por congestionar, por circular sin restricción de placa, debe ser igual para todos los vehículos. Un vehículo viejo contribuye tanto o más que uno nuevo al trancón.