Analistas

La edad media venezolana

A finales del siglo XII en el suroeste de Francia y en plena Edad Media, los cátaros se autodenominaban buenos cristianos. Con una iglesia católica aun en formación dogmática, seguían los preceptos de la biblia con apego a la doctrina del amor y la humildad. A diferencia de los prelados de la línea dominante, no les interesaba acumular riquezas, no discriminaban a las mujeres ni a los fieles de otras religiones, sino que servían desinteresadamente a su pueblo.

Sin embargo, los cátaros cometieron el gran error de separarse conceptualmente de las élites del momento. Al Vaticano, al que condenaban por su injerencia política y su desinterés en un pueblo expuesto a las hambrunas y las enfermedades, le disgustaba que creyeran que el mundo en que vivían era el infierno y, que la salvación llegaba con la pureza del alma después de múltiples pasos por la vida. A los nobles del norte de Francia les inquinaba que no reconocieran el vínculo de vasallaje, fundamental para mantener su poder sobre la población.

Tras unos intentos de conciliar las diferencias con los dirigentes cátaros, el papa Inocencio III declaró la cruzada albigense que arrancó con la toma y quema de la ciudad de Beziers, en la cual murieron más de 40.000 inocentes. Tras la toma de otras ciudades orquestadas por el líder de la cruzada, Simón de Montfort, la institución de la inquisición de los frailes dominicos identificó uno a uno a los seguidores de los cátaros herejes para molerlos a palos a lo largo del siglo XIII, hasta su extinción.

El riesgo de la Venezuela de hoy, es que en pleno siglo XXI, se repitan períodos oscuros de la historia como el de los cátaros. Con un régimen socialista que durante años encontró los mecanismos para entroncar el poder entre los militares, los líderes del chavismo y algunos burócratas acomodados, Nicolás Maduro le está volteando la espalda al pueblo venezolano, manteniéndolo con hambre y sin derechos civiles. A imagen de los perseguidores de los cátaros, a aquellos que no asumen los ideales bolivarianos, los encierra, los ataca con bombas lacrimógenas y balas de caucho, les niega sus derechos civiles y los reprime por medio de la Guardia Bolivariana y los feroces colectivos paramilitares.

Las consecuencias de la actitud del dictador venezolano y su corte se sentirán por muchos años en la región. La emigración de más de dos millones de patriotas a Colombia ha empezado a tener efectos que no pueden ignorarse de un punto de vista macroeconómico, y en el que nuestro país debe demostrar el espíritu de solidaridad que recibieron nuestros compatriotas que durante años emigraron al vecino país. Con una situación venezolana que no se resolverá con la caída del caudillo Maduro, sino con la derrota del chavismo, se prevé que la incertidumbre y el drama humano en la frontera se prolongarán, desgraciadamente,  por algún tiempo.

El reciente cambio de actitud del gobierno Santos, indiferente durante años con respecto a la situación en Venezuela, no se compadece de las acciones y las políticas de frontera que deben implementarse para mitigar el drama humano que cada vez se ve más cerca. Ojalá la atención excesiva que ha recibido el proceso de paz por parte del Gobierno, que beneficia a menos de 6.000 guerrilleros, se traslade a esta nueva faceta de nuestra historia que compromete la dignidad de muchos más seres humanos.