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El balance de Santos

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“Es la economía, estúpido”, fue una frase durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 contra George Bush padre, que lo llevó a convertirse en presidente de los Estados Unidos. El balance de la pareja de mandatos del presidente saliente, Juan Manuel Santos, puede saldarse en esta expresión, a pesar de los muchos aciertos y desaciertos de los que fue protagonista.
Por el lado negativo Santos deja bombas muy peligrosas sin desactivar para el país. El proceso de paz está en serias dudas dado el incumplimiento del generalizado, la corrupción, y en especial la corrupción de responsabilidad del gobierno, está más desbocada que nunca, la bomba de Venezuela sigue haciendo tic tac y, las instituciones están en exceso débiles y cuestionadas.
Independientemente de que la prensa haya focalizado su atención en la importancia del proceso de paz, cuya negociación fue un acto valiente y patriótico, la gestión del presidente Santos no fue estelar en este aparte. Si bien se logró la desmovilización de las Farc y la dejación de sus armas, la desatención del Estado en tomar control de las regiones libres de guerrilla y su indecisión con respecto a la proliferación de cultivos de coca hace que la probabilidad de que se consolide la paz sea incierta. Se le abona haberlo abordado, pero se le critica haberlo ejecutado de manera tan displicente, casi que para las cámaras.

Con respecto a la corrupción avalada desde el gobierno, los escándalos de Fonade, donde el presidente nombró con conocimiento de causa, en la dirección de la entidad, a personajes cercanos al ñoño Elías, como recompensa a su ayuda en las elecciones del 2014, son la representación del extremo al que se llevó la mermelada. No en vano las principales campañas políticas en las elecciones presidenciales de 2018 hicieron suya la batalla frontal contra este mal.

La política exterior también demuestra resultados agridulces. Si bien se evitó una confrontación directa con un régimen en busca de líos como el de Maduro, la bomba sigue activa, y se perdieron pleitos como el de Nicaragua por la plataforma de San Andrés islas, afectando la integridad geográfica del territorio colombiano.

Tal vez el factor más preocupante de la administración Santos fue el debilitamiento que tuvieron las instituciones. El congreso fue escenario de varios escándalos, incluyendo los mantos de duda que se extienden sobre los dos senadores más votados en el país: uno por haberse posesionado como senador habiendo sido contratista del Estado, curiosamente para la implementación del proceso de paz y habiendo apoyado la candidatura de Santos para su segundo mandato, y el otro, por la reciente indagatoria sobre manipulación de testigos. La rama judicial estuvo envuelta en escándalos como el nombramiento de los magistrados de la JEP, el cartel de la toga y el juicio al presidente de la Corte Constitucional por venta de fallos.

Sin embargo, no se puede desconocer tal vez el más importante de los factores. Económicamente, a pesar de un estornudo en los dos últimos años de su mandato, a los colombianos les fue bien. El índice de pobreza bajó mas de diez puntos porcentuales, el PIB creció en promedio a más del 4 % y el desempleo cayó más de 250 puntos básicos. Un paso en la dirección correcta que golpeó donde más importa, en el bolsillo de los colombianos.

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