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¿Colombia innovadora?

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Jonathan Rosemberg y Erik Schmidt, altos ejecutivos de Google, una de las compañías más innovadoras y responsable por el desarrollo de Android, el sistema operativo más usado en teléfonos inteligentes, mencionan en su libro “Cómo funciona Google” algunos de los aspectos presentes en una cultura de innovación. Evaluar a las empresas colombianas frente a estos aspectos nos permite entender porque, según la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, Colombia recibe cada año la mitad de las patentes que recibe Argentina, la quinta parte de las de Brasil, cien veces menos patentes que Suiza y mil veces menos que Estados Unidos.

En Colombia, como respuesta al desafío de gobernantes y empresarios de crear culturas innovadoras que permitan un cambio cuántico en el desarrollo del país y la competitividad, se han impulsado iniciativas interesantes como Colciencias y Ruta N en Medellín enfocadas en crear ecosistemas de innovación basados en la colaboración entre personas con capacidad de innovar, capital dispuesto a tomar el riesgo asociado y el acompañamiento de un equipo multidisciplinario que hace que la innovación se vuelva una realidad. 

En el mundo las instituciones llamadas a generar productos y servicios disruptivos han sido las empresas, ya que cuentan con acceso a capital y el equipo multidisciplinario al que hicimos referencia. Con la visión y la cultura apropiada, las empresas tienen la capacidad de atraer el talento necesario para generar innovación y masificar nuevos servicios y productos.

El primer punto relevante abordado en el libro de Google es la necesidad de acompañar con rigor y método científico la imaginación y el espíritu creativo en el proceso innovador. Enfatizan los autores que la innovación debe abordarse sobre hechos y no solo conceptos, y que debe estar constantemente acompañada por la elaboración de prototipos y pilotos que ratifiquen su factibilidad. Sin este enfoque la innovación es un ejercicio conceptual alejado de la realidad y destinado a fracasar.

En Colombia, el rezago en infraestructura de punta en las universidades y otros centros de conocimiento hace que las empresas tengan que hacer inversiones significativas para hacer prototipos y plantea desventajas significativas para la innovación. Por esta razón a menudo nuestras empresas terminan en los anuncios de prensa y la innovación conceptual, que carece de modelo de negocio o productos probados que se desplieguen, como ocurrió con la ya famosa vacuna contra la malaria.

La falta de inversión en facilidades de investigación y desarrollo explica porque los empresarios prefieren hacer mejoras incrementales de sus productos y servicios en vez de buscar soluciones disruptivas. No poder aterrizar sus innovaciones con prototipos en productos o servicios rentables hace que este sea un ejercicio de alto riesgo que no atrae mucho capital. A pesar de que al ponerse metas de innovación agresivas muchos proyectos fracasan, los ejecutivos de Google señalan estos fracasos como necesarios para descubrir en el proceso las semillas de los proyectos innovadores más exitosos.

La inversión pública en investigación y desarrollo por parte del Estado es parte de la política de los países más innovadores del mundo. Realizarla en Colombia articuladamente desde el Estado mejoraría nuestro ranking en innovación, daría un incentivo mayor a que nuestros compatriotas con doctorado vuelvan al país y podría ser la semilla para que mejore la competitividad de nuestro aparato productivo.

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