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Analistas 15/12/2021

Si las elecciones fueran hoy…

Pero no son. Son dentro de cinco meses. Por lo tanto, todo, repito, todo lo que dicen las encuestas políticas recientemente publicadas es por definición inexacto. Y no es que no crea en las encuestas o que crea que las manipulan o que las hacen de mala fe.

Las encuestas políticas son lo que son, es decir una medición del sentimiento de la opinión en un determinado momento y ese momento es el momento en el cual se hacen, que es ahora. Las encuestas no están preguntando que pensarían los colombianos en cinco meses y tan poco podrían, razonablemente, predecir lo que los colombianos pensarían en cinco meses. Entre otras cosas porque cinco meses son años luz de distancia cuando se trata de una campaña presidencial.

O sea que todo puede pasar y todo puede cambiar: la campaña ni siquiera ha comenzado. Lo único novedoso, digamos, es que en las últimas semanas se han fijado las líneas de batalla de una batalla que esta por empezar. La consolidación de las tres principales coaliciones, la de izquierda, la de centro y la de (¿centro?) derecha, marcará la pauta de lo que ocurrirá en los próximos meses, con algunos interrogantes pendientes como el futuro electoral del ingeniero Rodolfo y la adhesión inevitable de OIZ a la única coalición que lo recibiría (que ya se podrán imaginar cuál es).

No obstante, es curiosa la casi psicótica obsesión de la prensa -y de una parte significativa de la opinocracia- con descifrar el futuro. Han convertido a las encuestas en una especie carta astral y ahora las interpretan con el mismo esoterismo con el cual los pitonisos estudian los ascendentes de Sagitario y las conjunciones de Júpiter. Se trata, quizás, de una manifestación de la ansiedad que carcome al establecimiento político-empresarial por la posibilidad de que Gustavo Petro llegue a la presidencia de Colombia.

Eso sería catastrófico para el país. Petro es un autócrata en la línea de Chávez, Correa y Ortega, sus propuestas son demenciales y lo rodea lo peor de la política colombiana. Petro no es el cambio es el suicidio. Dicho lo anterior, la manera de evitar que esta calamidad nos envuelva no es creando pánico con el prematuro diagnostico de una victoria petrista en primera vuelta o madurando candidatos biches a punta de periódico como si fueran aguacates. Es entendiendo la dinámica, algunas veces accidentada, del proceso de consolidación de las coaliciones electorales y dejando que la campaña presidencial siga curso natural.

La fijación con los resultados de unas encuestas que no dicen nada tal vez busca abortar la contienda política y llevarnos a un escenario donde exclusivamente sobrevivan los dos extremos ideológicos contrapuestos. Esa fue la estrategia ganadora hace cuatro años, pero ahora las cosas son a otro cantar. El desgaste y la impopularidad del gobierno -el gobierno que dijo Uribe- es fenomenal; solo los funcionarios enconchados en los despachos oficiales creen que las cosas van bien.

Esta vez, si a los colombianos los ponen a escoger entre Petro y el que diga Uribe, o el-que-se-cree-que-es-el-que-dice-Uribe, gana Petro. De eso no tengan la menor duda.