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Analistas 27/10/2021

El centro-centro

“Los reportes sobre mi muerte han sido enormemente exagerados”, cableó el ingenioso escritor norteamericano, Mark Twain, cuando se enteró de que algunos periódicos habían reportado su deceso. Asimismo, los reportes de algunos medios sobre el colapso de la coalición del centro para las próximas elecciones presidenciales parecen enormemente exagerados: la campaña aún no ha comenzado.

Lo dicen con claridad las encuestas, a las cuales intentan exprimirles significado como si fueran limones secos. Lo cierto es que la aguja electoral no se ha movido ni una pizca en los últimos meses. Las cosas electoralmente hablando han estado y están más o menos así: Gustavo Petro tiene 10% de la intención de voto total y todos los demás se mueven en el margen de error. Esto es así porque, sencillamente, la mitad de los electores no ha tomado ninguna decisión y entre los que ya tienen favorito, que es la otra mitad, el que más apoyan tiene solo una quinta parte de las simpatías.

Por eso pronosticar “colapsos”, “fracasos”, “desinfles”, por un lado, o “despegues”, “salidas de lote” o “consolidaciones”, por otro, es no solo inoportuno sino equivocado. Hay sí, unos bloques electorales predefinidos. Tanto la izquierda dura y la derecha dura -que son el petrismo y el uribismo- cuentan con una minoría de los apoyos populares; situación que les impone una estrategia simbiótica, como ocurrió hace cuatro años, donde ambos aspiran a pasar a la segunda vuelta presidencial para obligar a los colombianos a escoger entre alguno de los dos extremos.

Juego peligroso este, para quienes creemos en la concertación democrática y en la moderación política. Hasta ahora la expectativa del surgimiento de una opción unificada y fuerte en el centro es el dique que contiene el deslave de importantes sectores políticos hacia la izquierda petrista. La insistencia de la derecha en hacer abortar una amplia consulta del centro es jugar a la ruleta rusa con cinco tiros en la recámara. El desgaste político del gobierno es monumental. La realidad es que el presidente es impopular, el malestar social está a flor de piel y la posibilidad de un voto de rechazo en contra de los incumbentes es altísima. Si en junio del año entrante la elección es entre Petro y “el que diga Uribe”, lo más probable es que gane Petro.

Por esta razón debe ser del interés no solo de los electores responsables sino de todos los factores de poder democrático del país jugársela por el centro-centro. Esto quiere decir rechazar los cantos de sirena de la derecha, que cree poder importar los modelos fascistoides de Trump o de Bolsonaro, o debelar los intentos de camuflar con consultas, encuestas y guiños tras bambalinas “al que diga Uribe” para que parezca que Uribe nunca dijo nada. La mona, aunque la vistan de seda, mona se queda.

La consolidación del centro-centro no será fácil. La mecánica electoral tiende a anarquizar cualquier proceso de concertación entre los candidatos de esta parte del espectro político; quienes además tienen diferencias ideológicas entre ellos, resentimientos por heridas del pasado y la natural desconfianza de los competidores potenciales. Pero no hay de otra: o se logra y se supera la polarización o la polarización hará invivible a la República.