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El reality de Hidroituango

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Luis Guillermo Vélez Cabrera

A pesar de los esfuerzos de sus productores y de la dedicación de los protagonistas, todo parece indicar que la segunda temporada del reality de Hidroituango está decepcionando.

La primera, ustedes recordarán, estaba llena de emociones: un dique a punto de romperse, la posibilidad de una avalancha capaz de crear “30 Armeros”, evacuaciones de pueblos, políticos oportunistas, obreros heroicos, ejecutivos despistados, ambientalistas histéricos y la tuiterocracia desenfrenada haciendo concienzudos análisis en 280 caracteres.

Fue un sobresaliente evento mediático que duró casi un año y que coronó el rating con sus giros inesperados, fuerza narrativa y drama insuperable. Esta segunda entrega, sin embargo, parece un poco forzada.

El reto de los productores de este tipo de eventos mediáticos consiste en repetir la fórmula ganadora, introduciendo nuevos ángulos y personajes, sin desviarse de la trama original. Por esto era mala noticia que un proyecto, al cual se le han invertido $10 billones y que servirá para generar energía limpia y barata por los próximo 50 años, concluyera sin nuevos contratiempos. Y eso era lo que estaba ocurriendo: la presa no se desboronó y el cuarto de máquinas se evacuó sin mayores daños. Faltaba llenar el embalse y la emergencia quedaría superada. Esto evitaría la quiebra de EPM y garantizaría estabilidad en el suministro eléctrico nacional. Las comunidades, por su parte, podrían retomar sus actividades adaptándose a los cambios que una obra de esta naturaleza conlleva.

Lamentablemente, la necesidad de obtener “likes” y “followers”, de ser “trending topic” y de tener “reproducciones”, por no hablar de puntos de rating tradicionales, es demasiado grande. Había que intentar la segunda temporada de la crisis. Esta vez se aprovechó la disminución temporal del caudal del río mientras se llenaba el embalse. Salieron de inmediato los activistas a declarar que #HidroituangoEstáMatandoElRío; mientras que se iniciaban investigaciones a diestra y siniestra y, nuevamente, el tema ocupó las portadas de los periódicos y las revistas para el deleite de los políticos, que vieron una oportunidad para señalar con dedos acusatorios a sus contrincantes del momento. El colmo, tal vez, fue cuando la prensa anunció que se había producido la muerte de “57.306 peces”, según ellos una verdadera catástrofe ambiental, sin anotar que ese es el número de peces que se pescan en Colombia cada dos horas.

Hidroituango ha tenido problemas y habrá que establecer las responsabilidades correspondientes, algo que los entes de control deben hacer con prudencia. Pero los problemas no se resuelven magnificándolos. Llenar el embalse impactó temporalmente el caudal del río y esto tiene consecuencias, como también tiene la suspensión de la obra. Estas se deben ponderar: Qué es más importante, ¿la pérdida de media tonelada de peces o el billón de pesos que EPM le transfiere anualmente a Medellín para construir hospitales y escuelas? Esta pregunta, creo, se responde sola.

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