martes, 14 de julio de 2020

Más columnas de este autor Luis Felipe Gómez Restrepo - rector@javerianacali.edu.co

El presidente de la Fundación Ford, Darren Walker, escribió recientemente en el New York Times, un artículo de autocrítica: Are you willing to give up your privilege? (¿Estás dispuesto a renunciar a tu privilegio?). El texto es muy fuerte sobre cómo se ha ido desvaneciendo el sueño americano y llamando la atención a los millonarios norteamericanos que creen que los desperfectos del sistema se pueden arreglar con mera filantropía. Pues bien, Walker, un personaje que hizo todo el curso del sueño gringo, comenzando de abajo y llegando a ser uno de los invitados a las cenas de mecenas, se viene con toda la fuerza crítica sobre la crisis del sistema capitalista. Y señala que la vía fundamentalmente está en un cambio de mirada sobre cómo está operando. Y plantea horizontes posibles para cambiar el rumbo.

Uno de los primeros elementos que enfoca Walker, es el de la fractura del ascensor de la movilidad socio-económica. Muestra que, en los últimos años, es muy baja la probabilidad para una persona de poder subirse en él. Las condiciones laborales y de emprendimiento generan brechas que comienzan a imposibilitar esa movilidad. Trae el caso de los salarios que se quedan pegados para toda la vida, sin mayor evolución. Hay, pues, elementos en el fondo de exclusión muy difícilmente remontables, que genera brechas imposibles de traspasar. Estas son las brechas que implican unas fisuras sociales que terminan generando exclusiones y fractura del tejido social.

Un segundo elemento es la visión de las grandes corporaciones. En esto hace una crítica a la visión tradicional de los seguidores de Milton Friedman que señalan como gran propósito de las empresas la generación de utilidades para sus accionistas. Allí, recalca Walker, que es fundamental cambiar la visión, y pasar a una verdadera mesa redonda de beneficiarios de las empresas, la que reconoce a todos los grupos de interés, a todos los stakeholders. Una mirada mucho más holística de la empresa, mucho más compleja que piensa en todos sus impactos. Tener allí presente a la comunidad, a los trabajadores, a los proveedores, a los distribuidores… En fin, tener una mirada de 360 grados. Es una posición mucho más comprometida, cercana a la creación de valor social compartido; de vigilar las imperfecciones de los mercados; de asumir un liderazgo mucho más comprometido con la realidad.

Un tercer elemento es crucial, el cual para el caso colombiano viene muy aplicable. Se trata de la necesidad de renunciar a muchos privilegios, que en el fondo están generando que puedan existir oportunidades para muchos de los ciudadanos. Unos pocos privilegiados están haciendo la fiesta agotando y acaparando las riquezas, y cerrando así el camino de oportunidades para los demás.

Este artículo bien valdría la pena para que muchos colombianos respondieran la pregunta que lanza el presidente de la Fundación Ford: ¿Está dispuesto a renunciar a sus privilegios? Hay temas como el pensional, donde unos pocos privilegiados se llevan buena parte de la torta de pensiones financiada con presupuesto nacional. Otro caso a analizar, es el referido al tradicional lobby (no pocas veces claro-oscuro), que las empresas y gremios adelantan ante el Congreso y frente a los gobiernos de turno, con el fin de lograr exenciones tributarias que los benefician explícita y, algunas hasta descaradamente. Otro más velado es el de los bienes y servicios exentos del IVA. No son pocos los casos en que importantes empresas de consumo se lucran del trabajo mal remunerado de los filamentos más débiles de sus canales de distribución. Algunos de ellos los vemos en los semáforos de las ciudades.

La pregunta no es solamente si quieres renunciar a tu privilegio, sino más directamente ¿quieres que tus privilegios desaparezcan y se conviertan en oportunidades para muchos que están excluidos? En el fondo es un problema de empatía humana. De solidaridad.