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Analistas 01/12/2021

Igualdad de género en el uso del tiempo

El tiempo desde la antigua Grecia hasta Stephen Hawking ha sido materia de estudio, discordia y vehículo natural de construcción de escenarios. Aunque no existe consenso sobre qué es o cómo funciona el tiempo, si existe cierto acuerdo en que permite ordenar los sucesos en pasado, presente y futuro.

Al respecto, el informe del Banco Mundial sobre la desigualdad en Colombia plantea que el simple hecho de nacer en Caquetá implica una esperanza de vida potencial inferior en 8,4 años en comparación con Bogotá. Asimismo, destaca que persiste una brecha en el uso del capital humano de las mujeres reflejada en que es menos probable su participación en el mercado laboral, dado que enfrentan disparidades en el acceso a empleos de calidad y son hasta 1,7 veces más propensas a estar desempleadas que los hombres. Según el mismo informe, con la pandemia se exacerbó la exclusión de grupos vulnerables, en un país que cuenta con altas tasas de persistencia de ingresos y prevalencia de la desigualdad intergeneracional. De hecho, como lo refleja la encuesta nacional de uso del tiempo (ENUT), factores como el aislamiento, distanciamiento social, restricción de actividades económicas y cierre de establecimientos que cubren necesidades de cuidados hace que los hogares no pueden “tercerizar” las tareas domésticas y de cuidado, sino que deban asumir internamente una mayor carga de este.

Esta carga adicional, recayó sobre las mujeres y en diversos casos estuvo acompañada de mayores niveles de desempleo, principalmente para aquellas que, por cuestiones como el nivel de educación, la destreza en el uso de tecnologías, el acceso a la conectividad y las características mismas del trabajo desempeñado prepandemia, quedaron alejadas de los empleos que se prestan para el teletrabajo. Como resultado de ello, al revisar las cifras recientes de la ENUT, las mujeres se desempeñan en promedio en actividades de trabajo no remunerado diario siete horas cuarenta y seis minutos (7:46), un aumento de alrededor de 51 minutos respecto a la encuesta de 2017, mientras que en el caso de los hombres es de tres horas seis minutos (3:06), con una reducción de 18 minutos.

Al tomar en cuenta la presencia de hijos en el hogar, la diferencia de tiempo dedicado a este tipo de actividades respecto a quienes no los tienen, es de una hora con cincuenta y tres minutos (1:53) para los hombres versus seis horas con seis minutos (6:06) para las mujeres.

Similar situación de desigualdad permanece al analizar las actividades domésticas diarias, en las que las mujeres destinan en promedio 5:44 horas al día, mientras que los hombres destinan 3:53 horas. Esta brecha implica que anualmente las mujeres trabajen 28 días más que los hombres en este tipo de actividades y que, por tanto, cada 13 años las mujeres destinan un año más que los hombres a las actividades domésticas. Con ello, la desigualdad en el uso del tiempo se traduce en que, si consideramos una expectativa de vida de 80 años, las mujeres dedicarán a lo largo de su vida a este tipo de actividades cerca de 6,2 años más que el promedio de los hombres.

En cuanto al tiempo destinado a las actividades remuneradas, la diferencia es de una hora y veinte minutos (1:20) a favor de los varones. Lo cual, en últimas, deja una carga global de trabajo adicional, en promedio, de alrededor de tres horas para las mujeres. Cerrar esta brecha en el uso del tiempo donde los hombres equilibren tareas particularmente en suministro de alimentos (y en menor medida en mantenimiento de vestuario y en limpieza y mantenimiento) permitiría que las mujeres ganen tiempo en favor de que este sea utilizado en incrementar las oportunidades en educación, empleo, emprendimiento, competitividad para la economía e incluso en uso de tiempo libre por parte estas.

Finalmente, reducir la desigualdad de género en el uso del tiempo, no solo debe hacerse con un fin netamente de honrar una deuda histórica, sino que hacerlo tiene todo el impacto y explicación económica. Según estudio realizado en 2020 por Devadas y Kim para 2050 cerrar las brechas de género en la participación en la fuerza laboral y la educación implicaría que el país aumente su producto interno bruto (PIB) per cápita en un 14%. Lo que permitiría un país más igualitario y con mejor calidad de vida.

Para lograrlo y retomando el informe de desigualdad del Banco Mundial tres decisiones deben estar en la agenda pública, en primer lugar, dar una mayor relevancia en acceso y calidad a las guarderías, en segundo lugar, revisar las barreras en normatividad laboral que afecta a las mujeres y, en tercer lugar, establecer iniciativas tributarias contemplen incentivos para aquellos emprendimientos o empresas que evidencien cierre de brechas.