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Sentir antes que pensar

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Juan Manuel Nieves R.

En el año 2011 la famosa caricatura Tintín en el Congo fue demandada en Bélgica por un ciudadano que sostenía que su contenido era racista; en 2007 la comisión británica para la igualdad racial lanzó una iniciativa para prohibir la venta del cómic por iguales razones, ambas empresas fracasaron, pero son un ejemplo de la nueva sensibilidad que permea el mundo.

Históricamente se ha cometido un buen número de injusticias: frente a las mujeres, a personas de diferentes razas, en condiciones de discapacidad, etc. Todas ellas han tenido un desagravio paulatino, que incluye un uso del lenguaje distinto y un intento desde la academia por sensibilizar a las nuevas generaciones para ser más incluyentes y tolerantes. Todos estos esfuerzos han logrado al menos en Occidente, una sociedad que enfrenta los prejuicios y reivindica derechos olvidados de las minorías.

Esta lucha, loable, ha sido llevada por distintos sectores al extremo; la reivindicación pasó de un debate serio, en el cual la solidez intelectual y la reivindicación de derechos en las aulas y en las calles era el punto de partida, a una sensiblería, en la cual hasta el idioma tiene connotaciones “machistas”. Y cualquier debate puede convertirse en una agresión; esta posición ha permeado distintos campos, el político, el académico, el religioso y el científico.

Ya resulta común oír desde un púlpito o un estrado el saludo: todos y todas, cuando la Real Academia Española ha sido muy clara sobre el contenido de ambos sexos en la expresión “todos”. El maltrato del español es el menor de los males; en la ciencia el tema tiene connotaciones más graves pues el estudio por la verdad de la humanidad y de la naturaleza, ya está siendo afectado por estas corrientes llenas de sensiblería.

Lisa Littman profesora de la U. de Brown, publicó un estudio en jóvenes transexuales, en el cual mostraba que a 62,5% de los jóvenes estudiados se les había diagnosticado algún trastorno psiquiátrico; 83% había nacido mujer y 33% pertenecía a un grupo de amigos donde más de 50% se había declarado trans en un periodo similar.

Dichos resultados publicados en la revista Science, fueron duramente atacados por colectivos Lgbti; en vez de profundizar en tales hallazgos, se dedicaron a criticar el estudio por ser “transfóbico”. La Universidad terminó quitando la publicación y la revista solicitó una evaluación de la metodología empleada en la investigación.

Necesitamos debates serios sobre los temas; la capacidad de victimizarse no puede ser la excusa para abordar los problemas y reivindicar los derechos; en este mundo, donde se ha vuelto más importante sentir que pensar, no podemos dejarnos dominar por colectivos que al final buscan protagonismo.

Lo políticamente correcto no es lo necesariamente conveniente; por ello son válidas las reivindicaciones sociales, no así la imposición de dicha visión del mundo a la mayoría.

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