Analistas

Una historia de inversión y competencia

Hace 20 años, la posibilidad de hacer llamadas desde un celular era revolucionaria. En esa época el servicio estaba a disposición de unos pocos, con precios altos y  acceso limitado.

Para 1998, ya se distinguían dos empresas con cobertura nacional: Celumóvil y Comcel. Desde aquel entonces, Comcel, a diferencia de su competidor, vio la telefonía móvil como una herramienta que debería estar a disposición de todos los colombianos, sin distingo de clase y sin importar su ubicación geográfica. Así logró masificar el servicio apoyado en dos decisiones que demostraron ser acertadas: la modalidad de venta en prepago, con la recordada tarjeta Amigo que democratizó el acceso; y la migración hacia la tecnológica GSM, que posteriormente se adoptó como estándar universal.

Esta atinada visión comercial le permitió superar a su competidor BellSouth (antes Celumóvil) quien para 1999 tenía una participación superior a 53% del mercado. En lugar de solicitar un tratamiento asimétrico para mejorar su  posición en el mercado, como lo hacen hoy Tigo y Movistar, Comcel apostó por la inversión para ofrecer mayor cobertura  y  mejores condiciones de calidad y precio para todos los colombianos. En 2003 ingresó Colombia Móvil (hoy Tigo) quedando el mercado consolidado con tres multinacionales, establecidas y con gran capacidad para competir: Movistar (Telefónica), Comcel, (América Móvil) y Tigo (Millicom).

En Colombia no hay dominancia

De acuerdo con el diagnóstico de la CRC (2016) “entre 2008 y 2015, se incrementó la cantidad de llamadas móviles y disminuyeron los precios del mercado. Mientras el valor promedio por minuto se redujo en 49,1%, su consumo por mes aumentó en 33,8%”. Los precios de telefonía móvil e internet móvil en Colombia son los más bajos en América del Sur.

El reciente Boletín Trimestral de las TIC muestra que mientras la telefonía móvil registra una penetración de 118% con más de 57 millones de abonados, los datos móviles llegan a 44% de penetración con 21,3 millones de accesos. Se trata de un mercado altamente disputado en el cual todos los operadores crecen.

En internet móvil, la misma CRC indica que entre 2012 y 2015, el tráfico promedio por usuario se ha incrementado en 48% y el precio promedio por gigabyte se ha reducido en 38%, evidencia de un mercado sano que genera beneficios para los usuarios.

Sin embargo, las telecomunicaciones están enfrentando nuevos retos tecnológicos y presiones financieras que ponen en peligro un sector fundamental para el desarrollo del país. En esta encrucijada se discuten dos modelos de política pública: Uno que propone limitar la capacidad competitiva de Claro, mediante una serie de medidas de intervención regulatoria, para disminuir la presión sobre Movistar y Tigo. El segundo propone introducir los incentivos adecuados para promover la inversión en infraestructura y la competencia, con la convicción absoluta de que la preferencia del usuario debe obtenerse compitiendo en el mercado y no como resultado de asimetrías regulatorias. No hay que perder de vista que la elección del usuario estará en función de las inversiones que los operadores estén dispuestos o incluso obligados a realizar, para atender la creciente demanda de servicios con óptimas condiciones de calidad.

Mayor calidad y menores precios en favor de los usuarios, deben ser el propósito fundamental de cualquier decisión regulatoria, evitando adoptar medidas que, por favorecer a determinados competidores, distorsionen o desestimulen la competencia.